Hablamos del tomo Anzuelo, una hipnótica inmersión en un océano de misterio, belleza y transformación donde Emma Ríos demuestra que todavía existen cómics imposibles de olvidar.
Hay obras que parecen diseñadas para ser disfrutadas de un modo profundamente sensorial. Y Anzuelo forma parte de este grupo. Durante buena parte de sus casi trescientas páginas, Emma Ríos evita las explicaciones fáciles y se niega a ofrecer al lector un mapa completo del mundo que está explorando. La autora gallega nos arroja a un paisaje inundado, extraño y cambiante donde tres niños intentan encontrar su lugar entre ruinas sumergidas y formas de vida que desafían cualquier lógica conocida. Lo curioso es que esa falta de respuestas inmediatas nunca se siente como un handicap. Al contrario. La sensación de estar descubriendo un territorio desconocido junto a los protagonistas acaba convirtiéndose en uno de los mayores atractivos de una obra que parece mucho más interesada en despertar la curiosidad que en satisfacerla.
Desde sus primeras páginas queda claro que Anzuelo no pretende ser el típico relato postapocalíptico preocupado por explicar cómo hemos llegado hasta aquí. El único vistazo al pasado aparece durante un prólogo tan caótico como efectivo. Uno donde la gran inundación se presenta a través del miedo, un caos bastante realista… y la pérdida. No hay cronologías detalladas ni extensos discursos sobre el fin del mundo. Solo fragmentos, recuerdos rotos y una sensación constante de desconcierto. Es una decisión especialmente inteligente porque coloca al lector exactamente en la misma posición que los personajes. Nadie comprende del todo lo que ha sucedido y, por tanto, nadie puede ofrecer respuestas definitivas. A partir de ese momento la obra deja de girar alrededor del origen de la catástrofe para centrarse en algo mucho más interesante. ¿Cómo seguir adelante cuando el mundo que conocías ha desaparecido para siempre?

Emma Ríos pinta una de las obras más bellas de su carrera
Buena parte de la personalidad de Anzuelo nace de un apartado gráfico que resulta tan espectacular como difícil de comparar con cualquier otra cosa publicada en los últimos años. Emma Ríos prescinde del entintado tradicional y construye prácticamente toda la narración mediante acuarelas que parecen moverse por la página como si estuvieran vivas. El agua no es únicamente el escenario de la historia; también es la herramienta con la que está contada. Los colores se mezclan, las formas se difuminan y los límites entre personajes, criaturas y paisaje se vuelven cada vez más permeables. Podría parecer una propuesta arriesgada, pero funciona de manera extraordinaria gracias a una planificación visual impecable. Ríos siempre sabe dónde debe mirar el lector aunque alrededor reine el caos. El resultado es una atmósfera absorbente que transmite humedad, profundidad y una extraña belleza difícil de olvidar.
Precisamente esa apuesta por la atmósfera explica que algunos lectores puedan considerar Anzuelo una obra exigente. No porque sea complicada de seguir en términos argumentales, sino porque exige una forma distinta de aproximarse a ella. Aquí no hay prisa, ni giros constantes, ni respuestas esperando al final del camino. Emma Ríos confía plenamente en la inteligencia de quien tiene el libro entre las manos y le pide algo cada vez menos habitual: atención. Muchas escenas funcionan más por lo que sugieren que por lo que explican, y algunas páginas invitan a detenerse unos segundos más de lo habitual para observar detalles que podrían pasar desapercibidos en una lectura acelerada. Lejos de ser un defecto, esa forma de narrar convierte el cómic en una experiencia casi contemplativa. No es una historia para devorar, es una historia para paladear lentamente y disfrutando cada bocado.

Perderse también forma parte del viaje
Bajo la aventura y la fascinación visual laten además varias ideas que enriquecen enormemente la lectura sin necesidad de imponerse sobre ella. A medida que los protagonistas crecen y se adaptan a este nuevo entorno, la obra reflexiona sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza, sobre la identidad y sobre nuestra capacidad para aceptar el cambio. Los personajes descubren que sobrevivir no consiste en reconstruir el viejo mundo piedra a piedra, sino en aprender a convivir con una realidad diferente. Las transformaciones físicas que experimentan terminan funcionando como una extensión natural de ese proceso. Lo que en otras historias podría presentarse como una maldición aquí se percibe casi como una evolución inevitable. Ríos aborda estas cuestiones con una sensibilidad admirable, evitando sermones y dejando que sean las imágenes y las acciones quienes hablen por sí mismas.
Quizá por eso resulte tan complicado resumir exactamente qué hace especial a Anzuelo. No es una obra construida alrededor de grandes revelaciones ni de respuestas cerradas. Su verdadera fuerza reside en la sensación que deja tras la última página. Emma Ríos ha creado un mundo extraño, melancólico y hermoso que parece existir bajo sus propias reglas, indiferente a las expectativas del lector. Algunas incógnitas permanecen abiertas y ciertos aspectos admiten múltiples interpretaciones, pero lejos de generar frustración terminan reforzando el encanto del conjunto. Anzuelo pertenece a esa rara categoría de cómics que continúan creciendo en la memoria mucho después de haberlos terminado. De esos que invitan a regresar para descubrir nuevos matices. A mi me ha pasado. Y eso, en un panorama donde tantas historias se olvidan apenas unos días después de leerlas, es un hito gigantesco.

Sobre la edición de Anzuelo
Astiberri edita Anzuelo en un volumen de tapa dura. En el interior, papel y reproducción gráfica de la máxima calidad. Un papel de un gramaje más alto de lo habitual para que el magnífico arte de Emma Ríos luzca más —si es que es posible— todavía.

Anzuelo
Edita: Astiberri
Edicion original: Image Comics
Lanzamiento: Abril 2025
Autor/es: Emma Ríos
Formato: Cartoné.
Tamaño: 17×26 cm.
Páginas: 304 pags.
Interior: Color.
ISBN: 978-84-10332-30-0
Precio: 29,00€



