Hablamos del tomo El hombre que podía hacer milagros, una adaptación brillante donde José Luis Munuera convierte la sátira de H. G. Wells en un espectáculo visual tan divertido como sorprendentemente profundo
El hombre que podía hacer milagros es una de esas adaptaciones que parecen inevitables cuando las lees, y es que H. G. Wells y José Luis Munuera estaban destinados a encontrarse. La novelette original, una sátira sobre el poder absoluto y la pequeñez humana, encuentra en el genial historietista un traductor visual perfecto, capaz de actualizar su espíritu sin traicionarlo. El autor recoge la esencia victoriana, la ironía británica y el humor ácido del texto, y los reinterpreta con una energía contemporánea que convierte la obra en algo más que una simple adaptación. Es una relectura, un diálogo entre dos épocas. El resultado es un cómic que funciona tanto para quienes conocen a Wells como para quienes llegan vírgenes a la historia, porque Munuera entiende que la clave no está en repetir, está en revivir.
Munuera está en un momento de forma insultante. Su trazo combina la elegancia del clasicismo franco‑belga con una modernidad narrativa que roza la “uderzización” perfecta. Y eso es algo a lo que pocos autores podrían siquiera aspirar y que munuera domina. La puesta en escena es un festival de escorzos, picados, gestualidad extrema y microexpresiones que sostienen la comedia, la sorna y la tragedia con la misma soltura. Su dominio del tempo narrativo es magistral. Sabe cuándo y cómo acelerar, cuándo frenar y cuándo dejar que un gesto hable más que un diálogo. En manos menos expertas, esta historia sería una obra simplemente simpática. Pero en las suyas, es un mecanismo de relojería visual que convierte cada página en un pequeño milagro. Munuera no adapta obras, las reconstruye a partir de sus ingredientes primordiales. Y eso marca la diferencia con otros autores que abordan libros clásicos.

Cuando el poder absoluto cae en las peores manos posibles
Sedyas —Sergio Román— aporta aquí uno de sus trabajos más vivos y orgánicos. Con una trayectoria que abarca animación 2D, concept art, pixel art e ilustración para editoriales europeas, su enfoque del color no es estático ni decorativo. Es un milagro cromático. Se nota su pasado como animador en cómo concibe la luz, las transiciones de color y esa energía interna que suma a cada escena. Su paleta no podría decirse que entra en simbiosis con el lapiz de Munuera. Y consigue ese hito de mejorar lo que ya de por si parece inmejorable, porque Munuera a cada nueva obra que nos regala se revela como un historietista que crece y parece no taner techo en su arte. Es uno de esos matrimonios artísticos raros en los que dibujo y color tienen una de esas sinergias exponenciales. Y nosotros encantados.
George McWhirter Fotheringay es el hombre menos preparado del mundo para recibir un poder absoluto. Y precisamente por eso Wells lo elige. Lo que empieza como una serie de milagros domésticos —arreglar lámparas, trucos de pub, pequeños gestos de buena voluntad— se convierte en una espiral de consecuencias que desemboca en un desastre cósmico. El reverendo Maydig, figura clave en la corrupción del idealismo, actúa como catalizador del caos. Fotheringay ve curiosidad, sí… pero él ve oportunidad y aprovecha maliciosamente. La historia avanza con un ritmo de farsa que nunca pierde de vista su trasfondo trágico, ¿Cual? La humanidad no está hecha para manejar el universo. Munuera respeta la estructura original, pero la dota de una energía visual que hace que cada giro, cada milagro y cada error resuene con más fuerza. ¿Os he dicho que en esta web adoramos a Munuera?

Comedia, filosofía y caos cósmico en una misma obra
La obra funciona como un tratado filosófico disfrazado de comedia ligera. Wells plantea —y Munuera subraya— que el verdadero peligro del poder absoluto no es la maldad, sino la mediocridad. ¿Qué ocurre cuando un hombre sin ambición ni visión recibe la capacidad de alterar el cosmos? Que la realidad se convierte en un campo de pruebas donde la ignorancia pesa más que la intención. El clérigo representa la institucionalización del milagro. El dogma la soberbia y la manipulación maliciosa. La física, por su parte, actúa como recordatorio de que el universo no se pliega a la moral humana. Y en medio de todo, la paradoja del libre albedrío. Esto es… tenerlo todo y no saber qué hacer con ello. Una sátira que sigue doliendo porque sigue siendo cierta y aplicable a muchos campos y todas las épocas.
La historia avanza como un péndulo que viaja entre la ingenuidad y el desastre. Empieza con la candidez de Fotheringay, que usa su nuevo poder para resolver nimiedades cotidianas, casi como un niño que descubre un juguete brillante. Pero basta que ese don toque manos ajenas —las del clérigo, cargadas de ambición, y ansias de moldear el mundo a su conveniencia— para que la comedia empiece a torcerse. Lo que empezó como un juego se convierte en un experimento social salvaje, y la buena voluntad choca de bruces con las leyes del universo, que no entienden de levitas ni de sermones. Cuando la Tierra gira donde no debe y el caos se desata, solo queda una salida, deshacerlo todo. Y ahí, en ese gesto final de renuncia, la obra revela su ironía más cruel. A veces, la única forma de salvar al mundo es devolverlo a su mediocridad original.

Una adaptación que no copia, reinventa
Munuera no adapta al pie de la letra, desmonta pieza por pieza y reconstruye con su particular vis creativa. Actualiza la sátira de Wells con un lenguaje visual moderno, una dirección de escena afilada y un humor que combina slapstick, ironía y comentario social. La ruptura de la cuarta pared, la voz omnisciente y el juego con entidades superiores añaden capas de lectura que enriquecen la obra sin sobrecargarla. Su versión es más ácida y más dinámica. También es más autoconsciente que la original, pero nunca irrespetuosa. Es la prueba de que un clásico puede revivir si se le da el autor adecuado. Y aquí lo tiene.
El hombre que podía hacer milagros es una joya. Divertida, inteligente, visualmente deslumbrante y filosóficamente afilada. Munuera y Sedyas firman una obra que respira vida, ritmo y esa mala leche bien entendida que ya vertió Wells en al novela corta original. Es una adaptación que no se limita a trasladar un texto…. más bien lo amplía y moderniza sin desdibujar el ADN original. Y confirma algo que ya sospechábamos, quizá el verdadero hombre que podía hacer milagros no era Fotheringay, sino Munuera con sus lapices prodigiosos. En cocnlusión, una lectura imprescindible para amantes de Wells, del cómic europeo y de la sátira con colmillo.

Sobre la edición de El hombre que podía hacer milagros
Astiberri edita El hombre que podía hacer milagros en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras, un interesantísimo prólogo de Veronique Béghain y un artículo de G. K. Chesterton al final del tomo.

El hombre que podía hacer milagros
Edita: Astiberri
Lanzamiento: Enero 2026
Editorial original: Dargaud
Autor/es: José Luis Munuera, Sedyas,
Formato: Cartoné
Tamaño: 22 x 28,8 cm.
Páginas: 72 pags.
Interior: Color.
ISBN: 979-13-87927-02-8
Precio: 18,00€



