Hablamos de Cuando caiga mi venganza sobre ti, un descenso brutal al horror religioso donde la fe, la culpa y las instituciones se pudren desde dentro en una de las obras más ásperas y potentes del terror contemporáneo
Cuando caiga mi venganza sobre ti arranca con una declaración de intenciones silenciosa y devastadora. El mal no es un ente palpable, es un sistema. En apenas dos páginas, Moreno y Rebelka colocan al lector en una cárcel donde el padre Manuel Barrera recibe la visita de un jerarca eclesiástico cuyo solideo habla más que él. Poder, jerarquía, opacidad y culpa. Todo está ahí, comprimido en un encuentro que revela que la Iglesia mas que un refugio es una maquinaria implacable. Y que Barrera —coprotagonista— no es un sacerdote caído, es una pieza útil a recolocar. El marketing habla de “ecos de El exorcista”, pero la obra pertenece a otra genealogía. La del terror institucional, del mal que se infiltra en estructuras humanas y se perpetúa a través de ellas. Desde el inicio, queda claro que este cómic no quiere asustar, quiere estremecer a un nivel profundo.
Merrick Stygian entra en escena como un exorcista que ya no cree en la épica del oficio. Es un hombre cansado, desgastado por décadas de enfrentarse a un mal que rara vez es sobrenatural y casi siempre es humano. Su conversación sobre los exorcismos de los setenta desmonta y borra cualquier romanticismo al mito cultural. La mayoría de casos son psiquiátricos, familiares desesperados buscando una narrativa que convierta su dolor en algo externo. Pero cuando su interlocutor, el padre Bartel, revela estar realmente poseído, la obra muestra su verdadera cara. El exorcismo no es ceremonial, es extremadamente violento, físico, sangriento, con huesos rotos. Stygian no es Karras no se trata de héroe trágico; es en esencia un funcionario del mal, alguien que hace su trabajo aunque este lo destruya. Su figura marca el tono del cómic. Esto es, un terror sin glamour, consuelo ni fe luminosa.

La Iglesia como maquinaria del horror
Manuel Barrera es un protagonista fascinante porque no entra en este mundo por vocación, lo hace por ausencia de alternativas. Su pasado lo ha marcado, la cárcel lo ha vaciado y la Iglesia lo recupera como herramienta. Pero bajo esa resignación late algo más. Curiosidad, rabia y necesidad de castigo. Su “bautismo” en el exorcismo —violento, sucio, físico— funciona como rito de paso y como recordatorio de que aquí no hay milagros. Unicamente —y si hay suerte— supervivencia. Barrera no busca redención, solo sentido vital. Y el exorcismo le ofrece una forma de ordenar su culpa. Stygian empieza a verlo como aprendiz, no por idealismo, unicamente porque reconoce en él la dureza necesaria para sobrevivir al mal. Es un discípulo que no quiere serlo, pero que ya no puede volver atrás.
El primer encuentro entre Stygian y Barrera es un duelo emocional disfrazado de presentación. Rebelka lo sitúa bajo un atardecer rojo que mas que iluminar, advierte. Ese color es sangre, ocaso, presagio. El color de la escena consigue incomodar. Ambos hombres se miden, se tantean, se reconocen en su desgaste. No es el típico tropo del “no nos caemos bien al principio”, mas bien es un choque de filosofías. Stygian ha interiorizado el mal como rutina mientras que Barrera aún intenta entenderlo. Y segun ellos hablan, el solideo —rojo como el color de la escena— mueve hilos desde la sombra. Enésimo recordatorio de que no están juntos por destino, sólo por necesidad institucional. La Iglesia no los une, los manipula descaradamente. Esta escena cristaliza el tono de la obra. El terror no está en los demonios, está en las relaciones de poder que los rodean.

Exorcismos sin fe ni heroísmo
El viaje a Puerto Cristina marca el inicio del descenso real. Allí, el mal no es un caso aislado, es una infestación que afecta a animales y humanos. Un ecosistema enfermo que recuerda de forma directa al filme Cuando acecha la maldad. Moreno abraza el terror rural y biológico con una naturalidad que asusta. Violencia cotidiana, comunidades rotas, secretos enquistados y supurantes. Cada escena nace de la anterior con una lógica impecable, sin atajos ni artificios, como en los buenos guiones. Entre las migas de pan que deja el guion destaca la mujer en coma que no envejece, un misterio que no se subraya… pero que pesa como un presagio. Aquí el cómic demuestra su madurez. Cero prisas, cero jumpscares, no busca el susto fácilón. Construye. Y en terror, construir es dominar al lector.
El tramo final es un pozo que se estrecha página a página. Exorcismos brutales, revelaciones que destrozan a Barrera y avergüenzan a Stygian, decisiones que tienen consecuencias reales. El cómic abraza el body horror sin complejos. Torsiones, carne, explosiones de cuerpos, fluidos, violencia física que recuerda a Raimi, Cronin y Cronenberg. Pero ojo, no es gore gratuito, es una hábil metáfora del desgaste emocional y espiritual. Aquí la fe se tambalea, la humanidad se resquebraja y el lector siente que cada paso hacia adelante es un sacrificio. El mal ya no es un fenómeno abstracto, ahora es una presencia física ineludible e innegable, una enfermedad, en algo que se contagia y muta. El descenso es tan físico como psicológico, y la obra lo narra con una coherencia magistral.

Body horror, culpa y violencia espiritual
Jakub Rebelka firma aquí una de sus mejores obras. Su trazo expresionista —roto, nervioso, emocional— convierte cada página en un estado mental. Evita el realismo, quiero verdad emocional, y eso lo emparenta con Schiele y Munch sin perder voz propia. Su coloreado es orgánico, casi biológico. Rojos encendidos, verdes enfermos, amarillos que parecen fiebre. La puesta en página es clásica, casi invisible, porque Rebelka quiere que la emoción esté en la línea y el color, no en la estructura. Es la antítesis formal y modal de Sorrentino, pero igual demagistral en el horror. Podría decir que Rebelka no ilustra el guion… lo dota de cuerpo. Al acabar el tomo es imposible imaginar esta historia con otro dibujante.
Y es que el final de Cuando caiga mi venganza sobre ti es devastador, sorprendente y, sobre todo, inevitable. Nada es gratuito, cada caída, cada herida, cada revelación nace de decisiones previas. Barrera queda roto, arrastrando culpa, rabia y una fe pulverizada. Stygian se quiebra tras décadas cargando un peso inhumano. El mal no desaparece, muta, cambia, encuentra nuevas grietas y eventualmente una salida. ¿Y la Iglesia? Permanece intacta, fría, eterna y lista para reclutar al siguiente. Un tramite más. El lector llega a la última página exhausto, consciente de haber leído una pequeña joya del terror contemporáneo, una obra que demuestra que el cómic —pese a no tener sonido, montaje ni jumpscares— puede estremecer tanto o más que el cine. Moreno y Rebelka firman un descenso al abismo memorable, humano y brutal. Una obra que se queda dentro. Aunque descuidad, no necesitareis de un exorcismo para sacarla… o sí.

Sobre la edicion de Cuando caiga mi venganza sobre ti
Astiberri edita este Cuando caiga mi venganza sobre ti en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior papel y reproduccion grafica de maxima calidad. Como extras algunos bocetos de personajes hechos por Rebelka y una amplia galeria de portadas variantes.

Cuando caiga mi venganza sobre ti
Edita: Astiberri
Lanzamiento: Abril 2026.
Autor/es: Gus Moreno, Jakub Rebelka
Formato: Cartoné.
Tamaño: 17×26 cm.
Páginas: 144 pags.
Interior: Color.
ISBN: 979-13-87927-00-4
Precio: 19,00€



