Hablamos de La muerte – de Irene Márquez, un tomo donde el humor negro y la incomodidad se convierten en lenguaje narrativo para explorar la muerte desde todos sus ángulos posibles
La muerte – de Irene Márquez empieza donde casi nadie quiere empezar. Sí, ahí, en la certeza de que todos vamos a morir. Yo, tú, él, nosotros… cualquiera. Yo seguramente antes… que mi cuerpo es un festival de averías y mi día a día un catálogo de dolorosisímas penurias. Pero tras leer este tomo, al menos sé que me iré al puto cajón con unas risas. No unas risas fáciles ni de shock vacío, sino de esas que te dejan pensando, absorto y consciente de que la risa y la muerte a veces se rozan. Irene Márquez no romantiza nada, no suaviza nada y va a lo suyo. Te planta delante de lo inevitable con una mezcla de lucidez, mala hostia y sensibilidad rara. Su humor negro no es una pose ni provocación gratuita. Es una forma de mirar lo que duele sin convertirlo en espectáculo facilón con remate moral chorra.
Este tomo es un catálogo de muertes, sí, pero también un catálogo de géneros, tonos y formatos. Hay microhistorias de tres viñetas que funcionan como puñetazos secos, páginas únicas que parecen epitafios visuales y relatos largos que se retuercen en tragedia absurda. Hay realismo (hola Paulino) mágico, maternidad grotesca, obsesión con el true crime, adolescencia rota, violencia sin glamour, soledad, ternura torcida y humor negro que te obliga a tragar saliva antes de reír. Incluso aparece un shojo oscuro que recuerda a un Dawson’s Creek dosmilero pasado por una trituradora emocional. Nada se repite o se recicla. Si del cerdo se aprovecha todo, de la muerte también, y en La muerte – de Irene Márquez se lleva esa idea hasta sus últimas consecuencias. Explorando cada ángulo posible sin caer en la trampa del morbo ni en la del mensaje fácil.

La muerte como laboratorio narrativo
El estilo gráfico de la autora es expresivo, sucio cuando quiere, refinado cuando le conviene y siempre deliberado. Hay un trash controlado que sabe exactamente cuándo manchar, cuándo exagerar, cuándo afear y cuándo afilar. Puede ser detallada hasta el escalofrío o deliberadamente tosca para que duela más. Cambia de registro sin perder identidad. Color o blanco y negro, grotesco o delicado, manga o indie, sátira o tragedia. La historia shojo del tomo, por ejemplo, demuestra que puede apropiarse del lenguaje manga sin perder su voz, convirtiendo la estética dulce en un arma emocional. Es una autora total, con un estilo propio, reconocible y brillante. Parece que improvisa, pero no. Cada línea está donde tiene que estar para que el golpe te atice con mas fuerza. Su dibujo entra en simbiosis con el guion lo retuerce y lo convierte en algo que no se olvida.
Los gags más bestias del tomo no funcionan por lo extremos, sino por lo bien construidos que están. Hay arquitectura narrativa, ritmo, intención y una humanidad bizarra que aparece incluso en lo más bruto. La historietista entiende que el humor negro no es una excusa para epatar, sino una herramienta para pensar o hacer pensar. Hay ecos de el ahora funado Carlos Vermut, de fábula negra, de tragedia absurda, de sátira social y de dolor cotidiano. Cada historia abre una puerta distinta hacia la misma certeza. La muerte está ahí, pero también lo está la lucidez con la que la miramos. No es un libro que busque que el lector se sienta “oscuro” por leerlo, sino que lo sitúa en un terreno de incomodidad activa donde la risa, el silencio y la reflexión conviven sin jerarquía clara y sin saber que silla es la que le toca a acda uno.

Sobre La muerte – de Irene Márquez
Autsaider edita La muerte – de Irene Márquez en un volumen de tapa blanda. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad.

La muerte – de Irene Márquez
Edita: Autsaider Cómics
Lanzamiento: 2025
Autor/es: Irene Márquez.
Formato: Rústica.
Tamaño: 20,5 x 28 cm.
Páginas: 148 pags.
Interior: Color
ISBN: 978-84-129682-3-1
Precio: 22,00€



