Hablamos del tomo Superman: Los últimos días de Lex Luthor, una obra tan brillante como incómoda que cuestiona los límites de la compasión heroica y redefine la relación entre Superman y su eterno enemigo.
Este Superman: Los últimos días de Lex Luthor nos llega en un tomo único. Sin embargo, su gestación en Estados Unidos fue todo menos inmediata: la primera grapa apareció en 2023 y, aunque se prometió que la segunda llegaría ese mismo año, no fue hasta 2025 cuando Bryan Hitch —adicto confeso al perfeccionismo— entregó las dos últimas entregas. Un retraso considerable, sí, pero también un precio razonable a pagar por ver a dos de los nombres más relevantes de la industria abordar una obra magna sobre Superman… o sobre Lex Luthor. O, quizá, sobre ambos. Una historia que aspira a trascender, a subvertir, a sujetarnos la cabeza y obligarnos a mirar al abismo: plantear una pregunta incómoda y dejar que seamos nosotros quienes, al cerrar la última página, decidamos qué hacer con ella.
Porque la sensación —persistente, incómoda— tras dos lecturas es la de haber estado ante una gran obra… pero no ante una obra redonda. Los últimos días de Lex Luthor deja una estela extraña: la de algo brillante que no termina de cerrarse del todo. Como si su ambición conceptual superara al espacio que se concede para desarrollarla. Resulta difícil no leer esta miniserie como una especie de cara B de All-Star Superman. La comparación es ingrata —y hasta injusta— lo sé. Mark Waid no aspira a acercarse al monumento de Morrison, ni formal ni estructuralmente. Donde All-Star desplegaba doce números para preparar la despedida del Último Hijo de Krypton, aquí solo hay tres grapas. Menos forma, menos tiempo, menos margen. Pero no menos fondo. Porque, en esencia, ambas obras orbitan la misma pregunta. ¿Cómo se enfrenta Superman a la muerte de alguien esencial para definir quién es?

Superman frente al límite de la compasión
Y es precisamente ahí donde radican la genialidad y el fallo de Waid. Morrison construyó una epopeya que funcionaba como testamento del mito, un estudio total del personaje. Waid, en cambio, condensa en apenas tres episodios un dilema ético mucho más incómodo. ¿Merece la pena emplear todos los recursos del universo para salvar a tu peor enemigo? No hay grandilocuencia de despedida, sino la crudeza de la pregunta imposible. Y por el camino, sí, nos deja una de las historias de Superman más estimulantes de lo que va de siglo. Si All-Star Superman es la elegía del héroe, Los últimos días de Lex Luthor es la elegía del antagonista. Pero con una diferencia fundamental: Waid no nos posiciona ni nos dice qué pensar. Nos obliga a decidir si los esfuerzos de Superman tienen sentido o no. Somos nosotros quienes juzgamos.
Eso nos aleja de la visión siempre bondadosa del Hombre de Acero sin acercarnos tampoco —del todo— a la de Luthor. Incluso cuando los flashbacks intentan humanizarlo —con ese Luthor pelirrojo, con mullet incluido, detalle siempre tan improbable como fascinante—, el guion mantiene un cordón sanitario claro: comprender no implica absolver. Donde Morrison desplegaba parábolas y símbolos, Waid va al grano. No hay tiempo. Los acontecimientos se suceden con velocidad literal y simbólica. Cada viaje —Kandor, la Zona Fantasma, el siglo XXXI con la Legión, Themyscira, medio universo— funciona como un espejo distinto entre Superman y Luthor. El cómic no busca ser “la obra definitiva”, sino una obra incómoda que ponga en cuestión el reverso de la ética heroica.

Mark Waid y la ética incómoda del superhéroe
El problema —si es que puede llamarse así— no es narrativo ni conceptual, sino ético. La obra plantea una pregunta que Superman, como mito, no está diseñado para responder sin resquebrajarse: ¿existe un límite para la compasión? Y, más aún, ¿debe existir? Morrison evitó esa grieta elevando a Superman a símbolo. Su despedida era luminosa porque el personaje se disolvía en idea. Waid hace lo contrario: lo devuelve a la tierra, lo enfrenta a una decisión concreta, material, con consecuencias morales imposibles de maquillar. Y ahí el cómic se agita. No porque esté mal escrito, sino porque no hay respuesta satisfactoria. Salvar a Lex Luthor —para condenarlo seguidamente a cadena perpetua o muerte— no es un gesto heroico. Es un acto profundamente violento a nivel ético que obliga a reescribir el concepto mismo de justicia.
Superman no está evitando una catástrofe; está invirtiendo recursos infinitos en preservar una vida que ha despreciado sistemáticamente cualquier noción de bien común. Y el cómic no ofrece la coartada habitual del género: no hay revelación redentora, ni arrepentimiento claro, ni aprendizaje que equilibre la balanza. Superman actúa bien… y aun así algo chirría. Aquí es donde la obra se vuelve grande y, al mismo tiempo, se queda corta. Waid tiene la lucidez de formular la pregunta, pero no el espacio —ni quizá la voluntad— de dejar que sus consecuencias crezcan. Tres grapas bastan para lanzar el dilema, no para vivir dentro de él. El viaje es vertiginoso, los escenarios se suceden sin respiro, y el lector apenas tiene tiempo de asentarse antes de ser expulsado al siguiente punto del universo.

Una obra brillante que se niega a dar consuelo
Y, sin embargo, ese vértigo es parte del sentido. Superman corre porque no quiere pensar demasiado. O porque el tiempo se acaba. Actúa porque detenerse implicaría admitir que tal vez no debería hacerlo. Cada salto es una huida hacia delante: la ética del superhéroe convertida en impulso más bien irreflexivo. Lex Luthor, por su parte, no necesita redención para ganar. Le basta con mantenerse fiel a sí mismo. Incluso moribundo, incluso dependiente, no cede el control moral. El perdón que Superman intenta ofrecer no es rechazado con violencia, sino con algo peor: indiferencia orgullosa. Luthor no quiere ser salvado si el precio es aceptar el marco ético de su enemigo. Y cuando Brainiac irrumpe en el último acto, el desenlace rehúye tanto la esperanza como el pathos fácil. No hay consuelo ni hay catarsis limpia.Solo la constatación de que algunas decisiones, aunque se tomen desde la compasión absoluta, no limpian nada.
Antes hablábamos del retraso de Hitch. ¿Mereció la pena la espera? La respuesta es un rotundo sí. Bajo el guion de Waid, su sintonía es total. Los últimos días de Lex Luthor habla mucho con silencios, con miradas, con la degradación física de un Luthor camino a una muerte —posiblemente— ineludible. Hitch se luce no solo como maestro de la espectacularidad, las tecnologías imposibles o las batallas a gran escala, sino como narrador de lo íntimo. Una mínima muesca en un rostro comunica aquí un torrente de emociones. Su trabajo es impecable en lo macro y en lo micro. Puro oficio, sin prisas —literal…— sin tics y sin concesiones. Para muestra las imágenes que acompañan esta reseña. Y bueno, en la edición —especialmente grande— de Panini esto es bastante palpable y disfrutable.

Bryan Hitch: espectáculo, silencio y expresión
Su perfeccionismo ha valido la pena, y debemos agradecer poder leer esta historia del tirón, como fue concebida. En conclusión, estamos ante una de las grandes obras de Superman de lo que va de siglo. Eso es ineludible. Un sobresaliente absoluto que deja la sensación de que, con un poco más de extensión, podría haberse alzado como un clásico moderno instantáneo a la altura del tantas veces citado All-Star Superman. Pero Waid —consciente, porque talento le sobra— ha optado por el camino de la síntesis: un análisis preciso de lo que son Superman y Lex Luthor, de las decisiones que los definen, y de cómo el orgullo puede borrar para siempre el camino de regreso. Aquí no hay heroísmos puros. La motivación de Superman es salvar a Luthor para juzgarlo después: un oxímoron en forma de rescate.
La de Lex es aún más honesta: negarse a reconocer un universo sin él (sic). Al final, algo cambia permanentemente en ambos. Pero no para mejor. Y ese sabor amargo, lejos de molestar, agrada. El eterno Boy Scout y su eterno enemigo, destinados a no entenderse, pero aquí —al menos— a soportarse no vuelven a ser los mismos. Recomendamos acercarse a esta obra en este formato o en futuras reediciones. Será un clásico del personaje, referencial y revisitado. Pero siempre es mejor llegar el primero, cuando el ruido mediático aún no ha alterado la percepción y podemos enfrentarnos a una obra de este calibre con la cabeza —casi— como un lienzo en blanco. Porque al final, lo que Waid nos entrega no es una respuesta, sino un espejo: y en él, lo que vemos no siempre nos gustará.

Sobre la edición de Superman: Los últimos días de Lex Luthor
Panini cómics edita este Superman: Los últimos días de Lex Luthor en un volumen de tapa dura con sobrecubiertas y gran tamaño. En el interior papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras un artículo a modo de cierre del tomo, galería de portadas alternativas y lápices y tintas de una página original de Bryan Hith.

DC Black Label XL. Superman: Los últimos días de Lex Luthor
Edita: Panini cómics
Editorial Original: DC COMICS
Autor/es: Mark Waid, Bryan Hitch, Kevin Nowlan, David Baron, Richard Starkings, Tyler Smith,
Fecha de lanzamiento: 27 nov 2025
Idioma: Español
Páginas: 168 pags.
Tamaño: 24.5×31.5 cm.
Contiene: Superman: The Last Days of Lex Luthor 1-3
Formato: Cartoné
Interior: Color
ISBN: 9791370132255
Precio: 38,00€



