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Batman: Gotham a luz de gas – Reseña cómic

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Hablamos de Batman: Gotham a luz de gas, el primer Elseworld de DC: una relectura victoriana que no redefine al personaje, pero sí abrió la puerta a imaginarlo fuera del canon sin miedo.

Antes de hablar de este Batman: Gotham a luz de gas que hoy nos ocupa, conviene poner un poco de contexto. Crisis en Tierras Infinitasya sabéis: mundos morirán, mundos vivirán y, antes o después, John Byrne terminará enfadado con DC— había hecho borrón y cuenta nueva con los innumerables universos paralelos que se contradecían entre sí, hasta el punto de que a mediados de los ochenta el lector medio necesitaba casi un manual de instrucciones para seguir sus series mensuales. Pero una cosa era limpiar la continuidad y otra muy distinta renunciar a la imaginación. DC quería evitar el caos pre-Crisis, sí, pero tampoco cerrar la puerta a la experimentación. La solución fue elegante: crear un espacio autocontenido donde probar ideas sin desbaratar el canon. Así nació el concepto de los Elseworlds: realidades paralelas, pero con vocación de novela gráfica y sin obligación de encajar en cronología alguna.

Para inaugurar esta nueva idea —el sello Elseworlds como tal llegaría un poco después— DC recurrió a su valor más seguro: Batman. Un personaje sin poderes reales —más allá de su supercuenta corriente—, con una estética maleable y unos valores que funcionan igual en 1989 que en 1889. Batman es, por definición, un mito adaptable. Si a esto le sumamos que la película de Tim Burton estaba arrasando en taquilla y redefiniendo la imagen popular del personaje, la apuesta dejaba de ser arriesgada para convertirse en casi inevitable. Gotham a finales del siglo XIX ofrecía, además, el caldo de cultivo perfecto para una versión más gótica, más detectivesca y menos superheroica del personaje. El escenario era ideal para probar hasta qué punto Batman podía sobrevivir sin gadgets, sin continuidad y sin el respaldo del universo compartido. Spoiler: podía, y bastante bien.

Batman: Gotham a luz de gas
Batman: Gotham a luz de gas

Batman sin continuidad sigue siendo Batman

Para la ocasión se contó con Brian Augustynescritor y editor con una larga trayectoria en DC— al guion, y con los lápices del genial Mike Mignola. Un Mignola que, aunque aún tardaría unos años en alcanzar el estrellato definitivo con Hellboy, ya era uno de los autores más reconocibles y estimulantes del medio. Su estilo, basado en el contraste extremo de luces y sombras, la geometría dura y la síntesis expresiva, encajaba como un guante en una historia ambientada en la era victoriana. Si a esto le sumamos las tintas de P. Craig Russell en esta primera miniserie, el resultado es una pequeña tormenta perfecta artística. Visualmente, Gotham a luz de gas es una lección de atmósfera. De cómo el dibujo puede elevar una premisa que, sobre el papel, podría haber sido poco más que una curiosidad simpática.

La trama —no demasiado compleja, seamos honestos— sitúa la acción en 1889, poco después de los crímenes de Jack el Destripador en Whitechapel. Bruce Wayne regresa a Gotham tras pasar varios años en Europa justo cuando una serie de asesinatos que recuerdan inquietantemente al Carnicero de Londres empiezan a sacudir la ciudad. El mejor detective del mundo, aquí en su versión más pura y despojada de artificios, investiga mientras su identidad civil es señalada como principal sospechosa. La premisa de enfrentar a Batman con Jack el Destripador es, admitámoslo, una mamonada de alto riesgo, pero Augustyn la maneja con pulso firme. La historia funciona como thriller, como relato de origen alternativo y como reivindicación de Batman como figura gótica y transhistórica. Aquí Batman existe porque hay injusticia, no porque exista un canon que lo justifique.

Batman: Gotham a luz de gas
Batman: Gotham a luz de gas

El amo del futuro: progresar también puede ser una amenaza

El resultado es una historia agradable que, sin ser una obra maestra, tuvo el empaque suficiente para generar una continuación temprana. También una adaptación animada décadas después y, finalmente, un universo propio que ha cristalizado en 2025. Batman: Gotham a luz de gas es un pequeño clásico reivindicable, más importante por lo que abrió que por lo que cuenta. Su impacto cultural y artístico es limitado, pero su peso histórico es incuestionable. Leído hoy, sigue siendo entretenido y no se siente especialmente anticuado, aunque el filtro de la nostalgia pueda jugar malas pasadas. No estamos ante un Batman definitivo ni ante una historia imprescindible, pero sí ante una pieza fundacional que demuestra que el personaje podía funcionar fuera de su contexto habitual sin perder identidad. Y eso, en 1989, no era poca cosa.

A la luz —luz de gas… ejem, primer y último chiste, lo prometo— del éxito y aceptación de Batman: Gotham a luz de gas, tan solo dos años después Brian Augustyn tenía lista la secuela Batman: El amo del futuro. Esta vez, con los lápices del magistral Eduardo Barreto. La historia se sitúa poco después de su predecesora, con un Bruce Wayne ya retirado —tras resolver su conflicto personal colgó la capa— y disfrutando de la vida de multimillonario junto a su prometida, Julie. El progreso avanza con fuerza y Gotham se prepara para ser la sede de la Exposición Americana de los Descubrimientos. O eso parecía… hasta la llegada de un misterioso personaje que se hace llamar Alexander Leroi y que amenaza con arrasar Gotham hasta sus cimientos si no se cumplen sus exigencias durante la feria. Una amenaza lo bastante seria como para que Wayne desempolve el batitraje.

Batman: Gotham a luz de gas

Elseworlds: el experimento que salió demasiado bien

Augustyn aborda aquí temas como el progreso, la revolución hacia un nuevo orden, la especulación inmobiliaria, la gentrificación y la corrupción institucional, sin renunciar al suspense y cambiando radicalmente el tono respecto a la primera entrega. Y, a mi parecer, hace bien: aquella conjunción artística única era irrepetible, así que lo más lógico era cambiar de registro. El Batman de esta historia ha evolucionado: ya no actúa solo para defender su honor o su libertad, sino que piensa en la ciudad. Y en general, cada idea plantada en Gotham a luz de gas se desarrolla aquí de forma coherente. Y evitando la sensación de refrito o de que DC quisiera exprimir el concepto aportando lo mínimo para vender lo máximo. Vamos, lo que hacen hoy en día ellos, Marvel y… prácticamente todos. La historia se siente fresca, distinta y con una identidad propia que justifica plenamente su existencia.

Gráficamente, Barreto es la antítesis de Mignola. Su Gotham es luminosa, moderna —retroactivamente hablando— y su planteamiento visual es lo opuesto a lo visto dos años antes. Y, sin embargo… funciona a la perfección. Barreto con un trazo heredero del clasicismo de Foster o John Buscema— demuestra aquí por qué fue un auténtico titán. Consigue lo imposible: que no echemos de menos a Mignola. Se mueve con soltura en cualquier situación visual y su atención al detalle es una delicia, más aún teniendo en cuenta la dificultad de retratar una realidad de hace cien años con credibilidad. La serie iguala en calidad e interés a su predecesora y, como decía arriba, sigue leyéndose con auténtico placer pese a ser de 1991. Esto demuestra que el concepto Elseworld funcionaba y que Augustyn no tuvo “suerte” con Luz de gas: sabía exactamente lo que hacía y cómo expandir ese universo.

Batman: Gotham a luz de gas

Un trocito de historia

Este tomo recoge un fragmento muy interesante de la historia deceíta “moderna”: el primer Elseworld y una visión original —entonces y ahora— del personaje. No son obras maestras imprescindibles, y como he dicho, el filtro de la nostalgia a veces distorsiona la visión objetiva. Pero sí son dos piezas sólidas, entretenidas, precursoras de un modo de hacer cómics y absolutamente reivindicables. Más aún ahora que este universo acaba de recibir continuación —25 años después— en Gotham a luz de gas: La era de Krypton, que será reseñada en breve en la web, y en Gotham a luz de gas: La liga para la justicia, recién publicada en USA. Así que este tomo es el trampolín ideal para engancharse a lo que parece ser un universo en —tardía pero afortunada— expansión. Un regreso inesperado, pero bienvenido, a un rincón victoriano del multiverso que sigue dando juego.

Con todo, este tomo funciona como una cápsula perfecta de lo que fueron los primeros pasos de los Elseworlds: dos historias distintas en tono pero unidas por una misma intuición brillante, la de que Batman es un mito capaz de sobrevivir a cualquier época. Luz de gas aporta el gótico fundacional; El amo del futuro, la expansión pulp que demuestra que aquel experimento no era casualidad. Leídas hoy, ambas mantienen su encanto y su solidez. Y sirven como recordatorio de que DC, cuando quiere, sabe jugar con sus iconos sin perder el respeto por su esencia. Y justo ahora, con La era de Krypton y La liga para la justicia ampliando este rincón victoriano del multiverso, este volumen se convierte en la puerta de entrada ideal a un universo que, tres décadas después, por fin despierta.

Batman: Gotham a luz de gas

Sobre la edición de Batman: Gotham a luz de gas

Panini cómics edita este Batman: Gotham a luz de gas en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras una breve introducción a cargo de Xavi Sanz Serrano y un artículo de Brian Augustyn hablando sobre su propia obra al inicio del tomo. Ya en su parte final tenemos bocetos —de la adaptación animada— así como un artículo hablando de los autores, un tras las cámaras, una cronología, un artículo sobre los «elseworlds» y notas sobre la obra. Bastante material que siempre ayuda a contextualizar y disfrutar más de las obras y que está convirtiéndose en una constante en esta línea.

DC Must-Have. Batman: Gotham a luz de gas
Edita
: Panini cómics
Editorial Original: DC COMICS
Autor/es: Mike Mignola, Brian Augustyn, P. Craig Russell, David Hornung, John Workman, Eduardo Barreto, Steve Oliff, Willie Schubert
Fecha de lanzamiento: 27 nov 2025
Idioma: Español
Páginas: 136 pags.
Tamaño: 17×26 cm.
Contiene: Gotham by Gaslight: An Alternate History of the Batman y Batman: Master of the Future
Formato: Cartoné
Interior: Color
ISBN: 9791370132989
Precio: 20,00€

Batman: Gotham a luz de gas – Reseña cómic
NOTABLE ALTO
Batman: Gotham a luz de gas reúne el primer Elseworld de DC y su continuación, dos historias que demostraron que Batman podía existir fuera del canon sin perder identidad. Con Mignola y Barreto a los lápices, Brian Augustyn propone una Gotham victoriana donde el mito se impone a la continuidad. No son obras maestras, pero sí relatos sólidos, entretenidos y fundamentales para entender la expansión creativa de DC a finales de los ochenta y principios de los noventa.
PROS
Valor histórico incuestionable: primer Elseworld de DC.
Mignola firma una Gotham victoriana memorable y atmosférica.
La secuela evita el refrito y desarrolla el concepto con inteligencia.
CONTRAS
La premisa de Batman vs. Jack el Destripador puede resultar algo gratuita.
80
NOTABLE ALTO
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Rodrigo Pérez Miguel
Rodrigo Pérez Miguelhttps://lacomicteca.com/
Fundador de esta pequeña gran familia que es La Comicteca. Amante del noveno arte desde que aprendí a leer. Lector y escritor en proporciones variables y según el momento. En mitad de todo lo que sea cultura popular.

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