Lo extraordinario de la vida es que no pase nada extraordinario. Reseñamos Este cocodrilo morirá en 100 días, el desgarrador e imprescindible cómic de Yuuki Kikuchi sobre la fragilidad de la rutina.
A ver, seamos realistas: los datos técnicos de Este cocodrilo morirá en 100 días ya los sabéis o los podéis buscar en Google en dos minutos. Que si nació como un fenómeno viral en el Twitter japonés entre 2019 y 2020, que si tiras de cuatro viñetas (yonkoma)… Datos de calendario. Pero aquí no hemos venido a hablar del «cuándo» ni del «cómo». Esos datos aportan al envoltorio, pero no al núcleo. Aquí hemos venido a hablar de la puta vida y de cómo, en un instante, todo se nos va al carajo. He acabado el tomo derramando lágrimas –y no de cocodrilo, aunque sí sobre el bueno de Cocodrilo– otra vez. Y admitir que una lectura te desmonte de esta manera significa que la obra tiene un punch que va mucho más allá de su condición de fenómeno de internet.
Aunque la idea del manga de Yuuki Kikuchi surgió antes de la pesadilla global, su tramo final coincidió de forma cruel con el estallido de la pandemia en 2020. En España -casi -nadie seguía este cómic en tiempo real. Pero leerlo hoy es enfrentarse a un espejo cruel de cómo todo puede cambiar de un momento a otro. Pasabas de estar metido en tu aburrida rutina, esperando a que te llegase una cámara de segunda mano que habías comprado por Wallapop, a ver cómo la normalidad de un planeta entero se desmoronaba en cuestión de días. Metidos en un confinamiento donde la gente caía por miles, nos dimos cuenta de que nuestra rutina aparentemente anodina era, en realidad, un sueño lejano al que ansiábamos regresar. El destino nos obligó a asimilar que el suelo que pisamos nunca ha sido firme.

Cuando la rutina sin sobresaltos es el mayor de los lujos
Y ahí radica la primera gran verdad de esta obra. Lo realmente extraordinario de una vida es que… no pase nada extraordinario. Lo más grande de nuestra existencia se sostiene, precisamente, sobre los cimientos más pequeños, mundanos y rutinarios del día a día. Nos empeñamos en buscar hitos grandiosos o giros de guion épicos, ignorando que la verdadera felicidad reside en la monotonía de tomar un café por la mañana. O discutir con un amigo sobre un videojuego absurdo. Kikuchi no necesita giros melodramáticos para sacudirnos; le basta con retratar la repetición de los días de su protagonista para demostrarnos que esa normalidad que a menudo despreciamos es el mayor de los lujos. Es una bofetada de realidad que te obliga a mirar a tu alrededor y revaluar qué es lo que de verdad importa.
Aquí la muerte viene con fecha, como un pedido que va pasando aduanas hasta llegar a tu puerta. Con la diferencia de que nosotros no podemos mirar el localizador de envío ni saber qué pasará. El autor centra el foco en Cocodrilo, un tipazo sin nada especial. Le gusta una compañera de trabajo y no se atreve a dar el paso, le chiflan los videojuegos, adora a sus amigos. Es pura bonhomía. Esa cercanía, ese blanqueamiento de su figura para presentarnos a un protagonista tan jodidamente limpio, hace que el golpe duela el triple. El Memento Mori muchas veces se queda en un latinajo pedante de barra de bar, pero aquí, ver esa efervescencia de vida te da unas ganas locas de vivir. La balanza del slice of life empieza a decantarse hacia el abismo cuando los números ya se cuentan con los dedos de las manos.

La agonía de la cuenta atrás
El contraste del desenlace es demoledor. Pasamos del día más idílico al final absoluto en una décima de segundo. Kikuchi maneja un trazo simple, un esqueleto visual que jamás se queda corto y que se apoya en una distribución de viñetas milimétrica que solo se rompe de forma magistral al final. Es una mezcla de géneros calculada para machacarnos, para hacernos llorar y, sobre todo, para hacernos apreciar la vida. No es una obra depresiva. Al contrario, celebra la existencia contándonos lo que pasa cuando desaparece de un plumazo. Nos invita a una catarsis necesaria para abrazar a quien tengamos al lado y buscar la felicidad. No con un carpe diem descerebrado y kamikaze, sino simplemente intentando ser felices y hacer felices a los demás mientras el contador siga en marcha.
Este manga corre el riesgo de pasar desapercibido en las librerías, camuflado entre propuestas más ruidosas. Por suerte, los valientes de Fandogamia Editorial han reeditado esta joya junto a su secuela, Este ratón (no) morirá en 100 días, donde el autor demuestra su tremenda versatilidad para enseñarnos el otro lado de la moneda: el duelo absoluto. Reseña incoming de esta secuela, por cierto. Como suelo decir en estos casos, mejor tarde que nunca. Es una pieza imprescindible que os removerá por dentro de una manera inaudita. Leed esto mientras tengáis tiempo, disfrutad de vuestra propia rutina y no olvidéis que, al cerrar la última página, un escalofrío os recorrerá el cuerpo. Corréis el serio peligro de dejar un trocito de vuestro corazón atrapado entre las páginas de este maravilloso tomo.

Sobre la edición de Este cocodrilo morirá en 100 días
Fandogamia edita Este cocodrilo morirá en 100 días en un volumen de tapa blanda con sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. No contiene extras.

ESTE COCODRILO MORIRÁ EN 100 DÍAS
Edita: Fandogamia
Lanzamiento: 28-03-2024 – redistribución 08-2026
Autor: Yuuki Kikuchi
Formato: Tapa blanda con sobrecubiertas
Tamaño: 210 x 148 mm.
Páginas: 136 pags.
Interior: Color
ISBN: 978-84-10126-05-3
Precio: 12,00€



