Marvel: Blanco, negro y vísceras: doce relatos, toneladas de sangre y alguna sorpresa mayúscula. Marvel reúne a un plantel de autores de primer nivel para explorar su vertiente más salvaje en una antología por momentos irregular, pero tremendamente disfrutable.
Las antologías temáticas basadas en la triada de colores suelen un laboratorio libre donde los autores hacen lo que les da la gana y el lector se la juega a una lotería donde lo mismo toca obra maestra o decepción morrocotuda. Esta es de las buenas, Panini Cómics lo sabe y trae en un volumen en formato treasury y una edición marranamente obscena en su mimo técnico para este Marvel: Blanco, negro y vísceras. Para asegurar el tiro y que la sangre luzca el doble en gran formato, la editorial ha reunido a una alineación de primeras espadas de la industria a las que han dejado cocinar a fuego lento. El resultado final es un rotundo triunfo de la balanza positiva. Un tomo repleto de historias sumamente disfrutonas, unas cuantas genialidades brillantes y un porcentaje mínimo de relatos que se limitan a cumplir el expediente.
El viaje arranca con Al Ewing y Kev Walker en «El rastro«. El guionista que en su día convirtió a Hulk en un dilema existencialista con pantalón morado decide va directo al grano. Con una historia breve pero contundente. Ewing nos planta cara con un magnate tecnológico —emulo descarado de, pongamos, Elon Musk— que regresa de Europa aliado con un misterioso socio para lanzar un smartwatch de salud que premia a los usuarios más sanos con viajes a su isla privada. Obviamente, el invento resulta ser una granja de humanos encubierta. Porque los vampiros modernos ya no están para comer cualquier mierda y prefieren sangre de pasto ecológico. Blade huele la tostada y corta por lo sano en un relato con un final tan tajante como sus espadazos. Magistralmente hilado en lo visual por un sutil trazo rojo de Walker que cruza las diez páginas cruzando viñetas y salpicando dinamismo.

Un laboratorio de casquería en formato gigante
Sin movernos del mundo de los colmillos, la segunda parada nos ofrece «Tráfico«, con G. Willow Wilson al guion y los lápices de Devmalya Pramanik. La premisa es un calco 1:1 de la película Man on Fire (El fuego de la venganza). Eso si pasada por el inevitable filtro del chupasangrismo marvelita. Aquí tenemos a una joven vampira de pedigrí que le pide ayuda a Blade para huir de una facción enemiga que quiere beberse su sangre para absorber sus poderes. El guionista nos regala a un Blade hiperviolento y letal pero extrañamente compasivo. Ejerciendo de un Denzel Washington con katana dispuesto a proteger a la pequeña vampiresa. La persecución en coche y el combate cuerpo a cuerpo son un tiro, coronados por un girito final bastante bueno. Su apartado gráfico brutal con un aroma clásico deudor del gran Gene Colan que le sienta de escándalo al formato gigante.
Para cerrar este primer tercio del tomo, Chris Condon y Claire Roe nos traen en «El precio del hierro«. Una maravillosa gamberrada que abraza el terror juvenil de los noventa. Básicamente estamos ante un remake sangriento de La máscara maldita, el mítico libro de Pesadillas de R.L. Stine, partiendo de la base universal de que la adolescencia es sinónimo de idiotez profunda. Un chaval desobedece a su abuela para fardar ante un amigo y se prueba el casco maldito de un Iron Man difunto. Uno que, en esa realidad alternativa, fue asesinado por un mago. Los resultados, como era de esperar, son una atrocidad de body horror con el casco fusionándose a la carne. Aunque huelas el tropo del objeto maldito a kilómetros, el juego que propone Condon te arrastra de cabeza a disfrutar del horror, consolidando este relato en mi Top 3 personal del volumen.

Garth Ennis y el Thor del Antiguo Testamento desatan el caos
La adrenalina explota al llegar a «Y nadie sobrevivirá«, el ansiado reencuentro de la mítica dupla de Hitman, Garth Ennis y John McCrea. Ahora manejando al Castigador. Ubicada en un coliseo postapocalíptico donde la vida no vale nada y la masa exige casquería, unos malandros explotan a un Hulk mutado e invicto que ataca usando sus propios intestinos como tentáculos de forma tan deleitosa como asqueante. La jugada cambia cuando aparece Frank Castle arrastrando una lata que esconde a un mutante comecarne con el que planea reventar al gigante gamma. Con una premisa que rinde culto a la película de serie B Basket Case (¿Dónde te escondes, hermano?) cruzada con el salvajismo de Mad Max, Ennis desatado y el trazo sucio de McCrea nos regalan una salvajada gestada para ser la fan favourite del tomo. Una carnicería atroz que justifica por sí sola apoquinar lo que vale el treasury.
El clímax de la brutalidad pura lo pone «Dioses falsos«, joyita de Alyssa Wong y Chris Allen. La historia nos sitúa en una iglesia donde una secta de farsantes tiene pinchada la cabeza decapitada de Loki en una pica al lado de otros héroes asgardianos. El Dios del Engaño no se calla ni estando muerto y avisa a sus captores de que la cosa se va a poner jodidamente fea justo antes de que irrumpa Thor. Pero ojo, porque aquí no hay rescate luminoso de los Vengadores. Wong nos devuelve al Thor del Antiguo Testamento y de la tradición nórdica original. Un tipo bárbaro, vengativo y ultraviolento que convierte a doscientos sectarios en animal print humano contra las paredes. El dibujo ultrarealista de Allen apuntala una subversión de expectativas brutal que te hará mirar al Dios del Trueno con un seiscientos por ciento más de miedo.

Frenazos de ritmo y fuera de juegos en el ecuador del tomo
Como en toda antología violenta toca afrontar algún experimento narrativo. «Los hombres jaguar«, escrita y dibujada por Ho Che Anderson, nos frena el ritmo en seco al meternos en una trama íntima e introspectiva donde Blade chupa demasiada cámara para parlamentar con una secta de felinos antropomórficos por un malentendido del pasado. Una propuesta que rompe la sintonía del volumen y que solo zafa el aprobado gracias a una viñeta final desoladora. Justo después, Ty Templeton nos deja a contrapié con «Delirios dominicales». Un facsímil impecable de las páginas dominicales del Daily Bugle que homenajea entre otros al Little Nemo de Winsor McCay con Namor y a otros con los 4 Fantásticos y Dum Dum Dugan. Artísticamente es una virguería técnica pero al no tener ni una sola gota de sangre ni vísceras, se siente como un tierno oasis cómico metido totalmente con calzador.
El tercio final nos devuelve al matadero por la puerta grande. En «La reina del valle de la muerte«, B. Earl, Taboo y Luke Ross ponen a Blade a hacer de Leon S. Kennedy contra una deidad arcana mutada en plan jefe final de Resident Evil. Entregan un entretenimiento palomitero impecable en lo gráfico pero formulaico en el guion. Inmediatamente después estalla mi Top 1 absoluto del volumen: «Mono asesino«, donde Gary Moloney y Baldemar Rivas ponen a Hit-Monkey a cortar ninjas de La Mano en rigurosa brunoise. Todo para frenar el ritual del villano Gorgon. Bajo toneladas de casquería fina, Rivas dibuja una obra maestra del ritmo que esconde un demoledor giro a lo Ghost: el espectro que guía al simio es el alma de la víctima que La Mano quería resucitar, regalándonos un remate emotivo que te clava una puñalada en la patata.

El veredicto, una de las mejores antologías de la Casa de las Ideas
Para rematar el festival de mamporros, el tramo de cierre encadena tres propuestas de lo más variopintas. Primero, Philip Kennedy Johnson y Christian Rosado nos ofrecen en «Corred». Un despiadado «Sé lo que hicisteis hace 26 veranos» donde Frank Castle da caza a unos criminales bajo una potentísima atmósfera deudora de Sin City . Después, Mark Waid y Jorge Fornés nos dejan con sensaciones encontradas en un relato donde el Doctor Extraño invoca a su doppelgänger espectral para operarse su propio corazón y ahorrarse la lista de espera de la Seguridad Social; una premisa divertida que sabe a poco viniendo de semejantes titanes y que termina salvando el bueno de Wong. Otra vez será.
La redención llega con «Roja de diente y garra», una preciosa fábula de folk-horror de corte indie firmada por Anthony Oliveira y Javier Pulido que se apoya en el trazo limpio de Pulido para darnos una poética historia de trasfondo queer, donde un vampiro y un licántropo eligen la ternura frente a la amenaza exterior de un Blade implacable. El broche final lo ponen Víctor LaValle y Bruno Bull de Oliveira con un gamberro cotillón de Nochevieja en 1979, donde Los Defensores clásicos salvan a Nueva York de un horror lovecraftiano. En definitiva, un tomo salvaje, mimado en su formato gigante y sumamente disfrutable que se posiciona con orgullo entre las mejores antologías que ha parido la Casa de las Ideas.

Sobre la edicion de Marvel: Blanco, negro y vísceras
Panini Cómics edita este Marvel: Blanco, negro y vísceras en un volumen formato rústica a gran formato. Como extras, dos artículos firmados por Pedro Berruezo, uno al comienzo y otro al final del tomo. También se incluye una galería de portadas.

Marvel: Blanco, negro y vísceras
Edita: Panini Cómics.
Editorial Original: Marvel Comics.
Autor/es: Alyssa Wong, B. Earl, Baldemar Rivas, Bruno Büll, Chris Allen, Chris Condon, Christian Rosado, Devmalya Pramanik, Gary Moloney, Ho Che Anderson, Phillip Kennedy Johnson, Taboo, Victor LaValle, Garth Ennis, Ty Templeton, G.Willow Wilson, Claire Roe, Al Ewing,
Fecha de lanzamiento: 23 jul 2026.
Idioma: Español.
Páginas: 136 pags.
Tamaño: 23.4X33 cm.
Contiene: Marvel: Black, White & Blood and Guts 1-4
Formato: Rústica.
Interior: Color
ISBN: 9791370137892
Precio: 25,00€



