Hablamos de Marvel Essentials 1985, o el Mark Millar más humano convirtiendo los cómics en un refugio contra la realidad. Una joyita casi desconocida en el corpus del autor.
Quizás Marvel Essentials 1985 sea la obra de Mark Millar menos Mark Millar que haya leído nunca. Y no lo digo como una pega, sino como uno de sus mayores elogios. Aquí encontramos a un guionista capaz de aparcar el cinismo, el impacto fácil y esa obsesión por construir el high concept más grande, espectacular y vendible posible para contar algo bastante más sencillo: una historia con corazón. Mucho corazón, de hecho. Hay algo casi desconcertante en comprobar que el mismo autor que hoy parece escribir en ocasiones «guiones ilustrados para Netflix» podía alumbrar en 2008 una obra tan preocupada por las emociones, los personajes y aquello que los cómics significan para quien los lee. 1985 no necesita ser una obra maestra indiscutible. Es algo mejor aún: una obra con alma, sincera y jamás impostada.
Porque la gran idea de 1985 no está realmente en los superhéroes que aparecen en sus páginas. Está en lo que estos representan para Toby Goodman. Para un niño que contempla cómo su familia se desmorona con el divorcio de sus padres, mientras la realidad cotidiana de los años ochenta tampoco ofrece precisamente un panorama idílico, los cómics son algo más que entretenimiento infantil, ofrecen refugio. Allí existe un orden. Hay buenos y malos, las reglas están claras y los conflictos, siempre terminan resolviéndose. El agua moja, el fuego quema y el Castigador castiga. En el Universo Marvel todo parece tener un sentido que el mundo real se empeña en negar. Millar entiende algo fundamental: para determinados niños, la fantasía no es una huida frívola de la realidad, sino un mecanismo de defensa frente a ella. Un lugar seguro al que regresar cuando todo lo demás deja de serlo.

Los cómics como refugio frente a una realidad que se desmorona
Y entonces Millar coloca una pequeña trampa, tan sencilla como efectiva. ¿Qué ocurriría si aquello que sirve de refugio abandonase las páginas del cómic y entrase en nuestro mundo? 1985 parte de una premisa que conocemos de sobra —los villanos de Marvel cruzan accidentalmente a otra dimensión—, pero cambia por completo las reglas del juego al situarlos en una realidad donde no existen los superhéroes. Y ahí está la gracia. En Marvel, el Doctor Muerte, Red Skull o el Buitre son amenazas terribles, sí, pero forman parte de un universo construido alrededor de ellas. Existen héroes capaces de enfrentarlas, códigos narrativos que las contienen y, casi siempre, una última página en la que todo vuelve a su sitio. Aquí no. Si esos personajes aparecen en nuestra realidad, no hay nadie esperando para salvar el día. La fantasía deja de proteger al niño y comienza a perseguirlo.
Es precisamente aquí donde defiendo mi pequeña colina particular: 1985 también es, en buena medida, una historia de terror. No porque Millar abandone la aventura superheroica para entregarse al horror convencional, sino porque convierte algo que conocemos perfectamente en algo que ya no debería existir. Ver a Doom o a cualquier villano desde los ojos de personas normales cambia completamente nuestra percepción de ellos. Dejan de ser personajes coloridos, teatrales y sujetos a las reglas del género para convertirse en algo mucho más inquietante: amenazas reales en un mundo que carece de mecanismos para contenerlas. El mal de ficción, trasladado a nuestra realidad, pierde cualquier distancia confortable. Y aquí Tommy Lee Edwards resulta fundamental. Su dibujo fotorrealista, áspero y físico elimina todavía más esa separación. Sus villanos no parecen estar protagonizando un cómic. Parece que han irrumpido en el nuestro. Y eso, amigos, da muchísimo miedo.

El componente autobiográfico de Mark Millar y su amor por los cómics
Pero la invasión de los villanos funciona también en otro nivel, porque 1985 está contando dos historias al mismo tiempo. Mientras el mundo exterior se llena de monstruos procedentes de otra dimensión, el pequeño universo de Toby se desmorona dentro de su propia casa. El divorcio de sus padres supone una invasión de las reglas adultas en un mundo infantil que hasta entonces parecía seguro: discusiones, abandono, incertidumbre y una familia que deja de funcionar como Toby esperaba. La guerra superheroica es, en cierto modo, la representación fantástica de esa otra guerra mucho más íntima. Y Millar tiene el suficiente tacto para no explicárnoslo todo con un rotulador fluorescente. Ambas historias avanzan juntas, haciendo que comprendamos por qué Toby necesita tanto esos cómics. No está simplemente jugando a ser un héroe. Está intentando encontrar un lugar donde las cosas vuelvan a tener sentido.
Quizá por eso 1985 desprende una sinceridad poco habitual en la carrera de Millar. También ayuda, claro, su evidente componente autobiográfico: Millar y Toby comparten el divorcio de sus padres a una edad temprana y ese refugio en los cómics que terminaría marcando sus vidas. Pero aquí parece haber algo más. El Millar de 2008 todavía escribe como alguien que recuerda perfectamente lo que aquellas historias significaron para él. No como productos, no como propiedades intelectuales susceptibles de convertirse en otra cosa, sino como objetos físicos que un niño podía abrir y leer hasta desgastarlos. Y esa diferencia se nota. Hoy Millar sigue publicando cómics, naturalmente, pero en muchas de sus obras parece haber cambiado el chip: primero está la idea espectacular, el concepto cinematográfico, el posible pitch. Aquí sucede al revés. Primero están Toby, sus emociones y aquello que los cómics hicieron por él.

Tommy Lee Edwards y el poder del dibujo y el color
Y todo esto no funcionaría igual sin Tommy Lee Edwards, artista completo encargado tanto del dibujo como de un color absolutamente fundamental para la obra. Su estilo fotorrealista, íntimo, cálido cuando debe serlo y áspero cuando la historia lo exige obliga casi involuntariamente a Millar a levantar el pie del Millacelerador. Edwards hace que esta no parezca una historia que necesite gritar para llamar nuestra atención. Los rostros, los escenarios cotidianos y la textura de ese pequeño pueblo importan tanto como las apariciones de los personajes Marvel. Incluso podríamos hablar de un curioso reverso del papel que Stan Lee ejercía sobre Jack Kirby. Allí donde Lee podía funcionar como freno narrativo ante la desmesura de Kirby, Edwards parece frenar visualmente a Millar para mirar más de cerca. El resultado, un Millar menos espectacular y bastante más humano. Y cuando llega la violencia, porque todo parece tan real, impacta muchísimo más.
Y llegamos a ese final que consigue cerrar el círculo con una delicadeza que quizá no esperábamos encontrar aquí. Toby no se limita a refugiarse en los cómics. Acaba comprendiendo que esas historias pueden proporcionarle las herramientas para enfrentarse a aquello que le aterra. La ficción no sirve únicamente para escapar de la realidad; también puede enseñarnos a regresar a ella. Y cuando el cómic nos muestra qué ha sido de Toby, la historia adquiere una dimensión todavía más personal y, teniendo en cuenta la trayectoria de Millar, casi autobiográfica. Es un cierre precioso, emotivo y perfectamente coherente con todo lo que hemos leído antes. Porque quizá 1985 no sea una obra maestra indiscutible. Es algo mejor aún: una obra con corazón. Una de esas historias que terminas, dejas sobre la mesa y, en lugar de pensar en cuál será el próximo evento que «lo cambiará todo», simplemente quieres volver a leerla o hablar de ella con un amigo. Y eso, amigos, también es para lo que sirven los cómics.

Sobre la edición de Marvel Essentials 1985
Panini Cómics edita Marvel Essentials 1985 en un volumen a formato reducido y tapa blanda. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras, abre el volumen un artículo —y bastante interesante— firmado por Raúl López. Ya en la zona final tenemos una galería de portadas y un dossier a manos de Tommy Lee Edwards donde explica su proceso creativo en la obra. Una auténtica delicia y de esos extras que realmente aportan valor añadido.

Marvel Essentials. 1985
Edita: Panini Cómics.
Editorial Original: Marvel Comics
Autor/es: Mark Millar, Tommy Lee Edwards
Fecha de lanzamiento: 26 mar 2026
Idioma: Español.
Páginas: 184 pags.
Tamaño: 15×23 cm.
Contiene: Con 1985 1-6
Formato: Rústica.
Interior: Color.
ISBN: 9791370135508
Precio: 12,00€



