Hablamos de The War de Garth Ennis y Becky Cloonan, o cuando el apocalipsis nuclear llama a tu puerta y te pilla en el sofá
Llega a La Comicteca The War de Garth Ennis y Becky Cloonan, o lo que sucede cuando una reunión entre amigos deja de ser Friends y empieza a parecerse demasiado al fin del mundo. Proyecto nacido originalmente como una historia serializada dentro de la antología de horror Hello Darkness y concebida por un trío creativo de primerísimo nivel. El veterano guionista norirlandés Garth Ennis, la dibujante Becky Cloonan y la colorista Tamra Bonvillain. Alejándose de los tropos habituales de la ciencia ficción postapocalíptica y las explosiones militares, esta obra se sumerge en un realismo íntimo y claustrofóbico que consigue ahogar al lector. La trama se sitúa en la ciudad de Nueva York y plantea una premisa que huye del espectáculo comercial para congelarnos la sangre, ¿Cúal? La inminencia de un holocausto atómico global y cómoc esra desmantela la cordura de un grupo de civiles corrientes atrapados en la cotidianidad urbana.
El arranque de la obra es un absoluto golpe de mano narrativo que juega a evocar la estructura inofensiva de una comedia de situación clásica. Todo comienza con un sofá y un grupo de parejas y amigos comunes compartiendo una charla distendida, informal y aparentemente inocua en el salón de un piso neoyorquino. Ennis y Cloonan acercan la cámara mediante planos cerrados y un ritmo conversacional orgánico que atrapa al lector, obligándole de forma casi física a sentarse dentro de la habitación como un invitado más. Sin embargo, este entorno costumbrista e hiperidentificable es una trampa mortal. La comodidad del refugio doméstico se desmorona sistemáticamente en pocas páginas para evidenciar la extrema fragilidad del barniz de nuestra civilización. El cómic demuestra con frialdad cómo la seguridad diaria es un espejismo que puede saltar por los aires en un instante.

The War y el zeitgeist de una época que vuelve a temer la bomba
La obra funciona como un espejo deformante que atrapa a la perfección el zeitgeist de nuestra era. Conectando de forma directa con el planteamiento cinematográfico de la película de culto Civil War de Alex Garland. Al igual que el largometraje de Garland expuso lo rápido que las certezas de la sociedad occidental pueden colapsar en días, Ennis estira esa misma tensión asfixiante hacia una escala atómica global. El miedo nuclear ya no se percibe aquí como un fantasma anacrónico enterrado en la Guerra Fría de los años 80, sino como una inquietud latente, real y muy posible en el presente. El guion verbaliza una paranoia colectiva incómoda: la certeza velada de que el mundo está gobernado por dementes globales y que la aniquilación mutua asegurada es un plato del día que nadie desea, pero que permanece servido sobre la mesa listo para ser consumido.
Uno de los puntos más brillantes de la narrativa radica en cómo expone nuestra enfermiza dependencia tecnológica frente a la tragedia. La sociedad contemporánea se ha acostumbrado a consumir la geopolítica y los desastres humanitarios a través de una pantalla táctil. Procesándolos falsamente como simple entretenimiento o debates estériles de redes sociales. Ennis ejecuta un hachazo psicológico demoledor en el instante en que los smartphones dejan de ser ventanas de desconexión para transformarse en los heraldos mecánicos de un apocalipsis irreversible al notificar que Londres ha desaparecido. Esta fatídica escena desnúda la vulnerabilidad de un grupo de ciudadanos hiperconectados que se quedan totalmente desamparados en el momento en que las infraestructuras de comunicación y los servicios urbanos comienzan a colapsar a su alrededor, dejándolos a solas con el silencio helado del fin del mundo.

¿Qué somos cuando llega el miedo?
En este tablero de miseria humana, el personaje de David emerge como el motor dramático más fascinante de la función. Representa al prototipo de tertuliano o polemista de sofá. Propenso a soltar despapuchos radicales y soberbios amparado en la comodidad del hogar. Siempre convencido erróneamente de que la lógica imperará porque nadie ganaría apretando el botón. Su cinismo reduce la destrucción de Londres a un mero dato estadístico de «tablas automáticas«, chocando trágicamente con el dolor descarnado de su esposa Nikki, quien asimila la vaporización instantánea de su ciudad natal, sus amigos y su familia. Cuando la amenaza deja de ser un debate abstracto para encarnarse en un misiles reales por todo USA, el pánico devora su fachada de superioridad moral. Se inicia así una involución que lo convertirá en el superviviente más abyecto y miserable del grupo.
A medida que la cuenta atrás avanza inexorablemente y la sombra de una cabeza termonuclear se proyecta sobre el cielo de Nueva York, los lazos afectivos y de amistad se desgastan hasta romperse por completo. La empatía colectiva salta por los aires bajo el peso de un trauma psicológico insoportable. Ennis profundiza con crudeza en las dinámicas de unos personajes que, asfixiados por la histeria colectiva, abandonan cualquier atisbo de solidaridad para trazar planes de escape individuales totalmente contradictorios e incompatibles entre sí. Se trata de un retrato desolador e incómodo sobre cómo el instinto primario de supervivencia desmantela la ética, revelando altas dosis de egoísmo, traición y desesperación moral dentro de un microcosmos que se encamina con paso firme hacia su propia extinción en la más absoluta de las soledades.

Una pesadilla nuclear sin héroes, salvadores ni finales reconfortantes
El milagro gráfico de la miniserie se debe a una Becky Cloonan en plena madurez artística. Autora que reduce el volumen de su habitual energía cinética para enfocarse en un realismo psicológico descarnado. Cloonan aplica intencionadamente un entintado mucho más pesado de lo habitual, saturando las viñetas de una negrura física que introduce una sensación de pesadumbre. Casi anticipando el hollín del invierno nuclear sobre el papel. Su maestría radica en la contención frente al clásico exceso salvaje y gore de Garth Ennis. Al no recrearse en la violencia explícita ni en el morbo urbano, las microexpresiones corporales, las miradas vacías y la negación psicológica de estos neoyorquinos comunes resultan devastadoras. El dibujo deja de ser un mero vehículo para el guion y se convierte en el alma misma de la pesadilla.
El trabajo cromático de Tamra Bonvillain es, también, sobresaliente. Emplea el color como un elemento meteorológico y psicológico que dicta el nivel de asfixia de la trama. El cómic arranca con tonos cálidos, hogareños y dorados. Tonos que generan un contraste doloroso cuando las pantallas de los teléfonos móviles bañan los rostros con una luz azul, fría y clínica. Escenificando así el choque visual entre la seguridad del piso y la muerte exterior. Este crescendo crómatico arrastra finalmente al lector hacia una paleta sucia, saturada de rojos de alarma y tonos decadentes. Colores que reflejan a la perfección la putrefacción moral del grupo y un mundo que se desmorona. En conclusión, The War es un triunfo de sinergia creativa absoluta. Una obra sobria, desoladora y madura que se clava en la cabeza del lector a un nivel profundo para no abandonarla jamás.

Sobre la edición de The War de Garth Ennis y Becky Cloonan
Moztros edita The War de Garth Ennis y Becky Cloonan en un tomo de tapa blanda con insertos plásticos en la portada. En el interior, papel y calidad gráfica de la máxima calidad. Como extras incluye sketches del diseño de personajes por Becky Cloonan, bocetos de varias portadas USA, dos páginas originales del guion de Ennis y su primera traslación a imágenes por Cloonan. También incluye una breve biografía de los autores de la obra.

The War (La guerra)
Edita: Moztros
Lanzamiento: Julio 2026
Editorial original: Boom! Studios
Contiene: The War 1-3 USA
Autor/es: Becky Cloonan, Garth Ennis, Tamra Bonvillain,
Formato: Rústica.
Tamaño: 17×26 cm.
Páginas: 112 pags.
Interior: Color.
ISBN: 979-13-87953-67-6
Precio: 18,90 €



