Hablamos del tomo Tif y Tondu: Amenazas sin fin, el salto a los años 80 de la serie que rompió moldes… y cabezas.¡Tiempos de cambio!
Desberg y la ruptura ochentera: ¿reinvención o naufragio?
Hay series que no necesitan presentación… salvo cuando nadie las conoce. Tif y Tondu es una de esas joyas escondidas que, si bien fueron leyenda viva en la BD franco-belga, en España llegaron con décadas de retraso. Pero ojo, su historia merece vitrina. Nacida en los cuarenta, evolucionó con los años a través de manos muy distintas. Desde Fernand Dineur, su creador, hasta André-Paul Duchâteau y Denis Lapière, pasando por Rosy y el maestro Tillieux —quien firmó su época dorada— y acabando con Desberg, al que ahora nos toca destripar en este Tif y Tondu: Amenazas sin fin. Cada etapa fue un reflejo de su época, de sus vicios, de sus virtudes… y Dolmen, con paciencia de artesano, está rescatando todo esto con un mimo inaudito. Que un proyecto así exista, y funcione, es casi un milagro. Y como lectores, no podemos hacer menos que celebrarlo y, de paso, leerlo. Porque si algo tiene esta serie, es vida, mucha.
Entrar a una serie consolidada es como mudarse a una casa con fantasmas: o los haces amigos o te echan. Desberg intentó lo primero… y casi consiguió lo segundo. Su aterrizaje tras Tillieux fue brusco, incluso ruidoso. Apostó por actualizar el tono, dar un giro ochentero —más sexual, más cínico, más moderno, vaya— y en ese proceso desdibujó a los personajes. Tif se volvió baboso y Tondu un cascarrabias perpetuo. ¿Ruptura valiente o capricho innecesario? Opiniones hay mil. Incluso Will, el dibujante, no estaba convencido del rumbo. El noir seguía presente, pero disfrazado de ciencia ficción y thriller conspiranoico. Y el alma clásica se esfumaba. Lo curioso es que Desberg había sido pupilo de Tillieux y, en teoría, entendía la maquinaria. Pero ser segundo no es lo mismo que liderar. En Spirou las transiciones eran orgánicas, aquí fue un volantazo. ¿Demasiado brusco? Sin duda. ¿Interesante? También. Y eso, por muy raro que parezca, tiene su mérito.

Metamorfosis

Tif y Tondu se enfrentan a un caso en el que las personas y animales parecen cambiar de identidad de manera inexplicable mediante mutaciones aberrantes. Pronto investigarán el origen de este fenómeno que les creará aún más dudas
Tif y Tondu en África, gente y animales mutando, ciencia loca, conspiraciones que huelen a laboratorio y a pachamama en un guion que contradice todo lo que simbolizaba la serie y, para colmo, mal resuelto. Así empieza Desberg su etapa: con un álbum tan rompedor como fallido. Metamorfosis desconcierta desde la primera página. Quiere ser un noir moderno, pero cae en el thriller absurdo. Quiere innovar, pero desfigura la esencia. Los protagonistas parecen extras en su propio tebeo. El lector, perplejo. Lo mejor —como siempre— es Will, que dibuja como si nada fallara. Pero no puede tapar una historia que no se sostiene, ni dentro de la lógica interna de la serie ni como arranque de etapa. En su día fue duramente criticado. Hoy, sigue sin convencer. Un álbum que quiso ser big bang… y acabó en chispazo. ¿Valiente? Sí. ¿Eficaz? Nope. Como dicen en internet: “Desberg reinicia Tif y Tondu. SPOILER: sale mal”.
El santuario olvidado

Tif y Tondu, en mitad de unas vacaciones tranquilas en Bretaña, se ven obligados a investigar la desaparición de dos pescadores en el mar, algo que convertirá esos días de relax en un caso a gran escala lleno de intriga y misterio y… toneladas de oro.
Desberg recula, y se nota. Aquí la historia vuelve al terreno conocido: misterio, arqueología, Bretaña, vacaciones que se tuercen y toneladas de oro. El santuario olvidado es Tif y Tondu 100 %. Un álbum sólido, que respira clásico, pero con pinceladas nuevas. Es como si alguien en la editorial hubiera dicho “frena un poco”, y él, obediente, hubiera vuelto al sendero Tillieux. Funciona. El guion entretiene, el ritmo es perfecto, la atmósfera es puro noir aventurero con aroma a Indiana Jones y la pareja protagonista, por fin, vuelve a sonar como sí misma. ¿Will? En estado de gracia. Pero eso ya ni lo decimos, ¿no? El dibujo aquí es una gozada: fondos, personajes, expresividad. Un cómic con sabor a BD de las buenas, con estructura clásica, misterio bien llevado y ese tono que te engancha hasta la última viñeta. Un subidón de calidad respecto al anterior. Y una señal: Desberg aún podía enderezar el rumbo.
Jaque, set y partido

Los buenos de Tif y Tondu se ven envueltos en una conspiración que gira en torno a un torneo de automovilismo y otro de tenis de alto nivel. Pero nada es lo que parece: ambos escenarios son tapaderas de algo más grande que quizás les sobrepase.
Jaque, set y partido es puro entretenimiento. Desberg aquí encuentra equilibrio: le pone su voz, mete gadgets y acción a raudales, pero no desfigura el universo. Tondu y Tif se sienten cómodos, el ritmo es endiablado y cada página te empuja a la siguiente. ¿Noir? Sí, aunque pasado por el filtro del thriller de espionaje ochentero. Es una de esas historias que no marcarán época, pero dejan buen sabor de boca. Hay ideas atrevidas, set pieces memorables y una estructura sólida. El dibujo, por supuesto, sigue a gran altura. Will, como siempre, da lecciones sin levantar la voz. En resumen: no será un clásico, pero sí un disfrute. Y eso, en una serie en plena transición, es más que suficiente. Punto para Desberg. Ahora sí, empieza a sonar a autor… no solo a aprendiz
Swastica

Nuestros protagonistas se ven envueltos en una investigación que los lleva a descubrir una red secreta con conexiones de criminales de la Segunda Guerra Mundial en el exilio. A medida que avanzan en su pesquisa, encuentran símbolos nazis y pistas que los conducen a una organización que aún opera en las sombras con una misión tan grotesca como peligrosa.
Ambición sin control, tal cual, ese es el resumen de Swastika. Un intento serio de meter grandes temas —nazis ocultos, redes clandestinas, memoria histórica— en una serie de aventuras. Pero el resultado chirría. El guion apunta alto, pero no calibra. Todo suena forzado, el ritmo es errático y el tono, más cercano a la parodia involuntaria que al thriller potente. Aun así, tiene sus cosas. Ver a Will desatado, deformando rostros, jugando con viñetas y caricaturizando escenas, es un gustazo. Parece que se lo pasa bien. Pero eso no salva un álbum que se percibe como el patito feo del tomo. Demasiado ruido, poco foco. Y en una serie con tanto bagaje detrás, las rupturas necesitan precisión total, no martillo neumático. Swastika quiso ser el grial de Tif y Tondu, no obstante se quedó en boceto. Solo para muy cafeteros. Uno de esos álbumes que se entienden más como rareza que como parte del todo. Curioso, sí. Bueno ya no tanto.
Tres historias cortas y una conclusión amarga
Bonus track: tres historias breves —relacionadas con Jaque set y partido, tangencialmente— que, sorpresa, tienen más miga de lo que aparentan. Son hijas de su tiempo y, al mismo, sorprendentemente modernas. “Programación peligrosa” anticipa el GPS y los coches autónomos en una historia de noir y tecnología que podría firmar Black Mirror… o Tesla. Oscura, directa y con un final de los que se clavan. “El final de Tif y Tondu” tiene más truco que sustancia. Su título asusta, su desarrollo… no tanto. Un divertimento con trampa que no pasa de anecdótico. Y “Piratas informáticos” vuelve a acertar: hackers, robo, cajeros hackeados — ¿James Cameron copiando aquí? Yo solo pregunto…— y un ritmo trepidante que no deja respirar. El espíritu BD se mezcla con lo high-tech y funciona mejor de lo que uno esperaría. Son pequeñas joyitas que complementan el tomo, lo abren a otros registros y muestran que Desberg, cuando no se pasaba de rosca, sabía jugar con ideas frescas.
Desberg quería dejar huella. Venía de ser escudero de Tillieux y aterrizó en Tif y Tondu con ganas de agitar las cosas. Y lo hizo. Su etapa —del 79 al 89— arranca aquí con más voluntad que tino. En una época donde el noir no era nostalgia, sino retrato social, donde el cómic franco-belga empezaba a cambiar de piel con nombres nuevos (Yann, Tome, Van Hamme, Dufaux…), Desberg intentó modernizar sin anestesia. Pero esos cambios no siempre cuajaron. Este tomo recoge ese arranque titubeante: un álbum fallido, otro muy notable, uno correcto y otro que aún hoy divide. Y tres historias breves que muestran su potencial cuando no complicaba demasiado las cosas. Will, como siempre, es el ancla. Este volumen no es la cima de la serie, pero es clave para entender su evolución. Y lo mejor: en el próximo, Desberg empieza a afinar. Porque el cambio, cuando se hace con cabeza, también puede ser un regalo.

Sobre la edición de Tif y Tondu: Amenazas sin fin
Dolmen editorial publica este Tif y Tondu: Amenazas sin fin en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. En el interior, varios artículos que ayudan a contextualizar los álbumes contenidos así como varias portadas, bocetos y material publicitario original de «le journal de Spirou» que ponen un broche de oro al tomo.
Tif y Tondu: Amenazas sin fin

Tif y Tpndu: Amenazas sin fin
Edita: Dolmen/Plan B Publicaciones
Lanzamiento: 27-03-2025
Editorial original: Dupuis
Contiene: Tif et Tondu L’intégrale tome 9: Innombrables menaces
Autor/es: Stephen Desberg, Will
Formato: Tapa dura
Tamaño: 21×28 cm.
Páginas: 240 pags.
Interior: Color
ISBN: 978-84-10390-74-4
Precio: 39,95€



