Hablamos de Cuerpecito, una sátira despiadada sobre el amarillismo y el true crime. Un cómic lúcido e incómodo que te obliga a mirar lo que finges no ver. Un tratado feroz sobre cómo convertimos cadáveres en espectáculo.
En 1992, el crimen de Alcàsser inauguró la edad de oro de la telebasura en España. En 2013, el historietista italiano Tuono Pettinato firmó su tratado definitivo sobre el tema: Cuerpecito. Lo hizo sin referirse a ese caso ni a ningún otro concreto, pero diseccionando con precisión quirúrgica el patrón que los une a todos: el cadáver convertido en espectáculo. La víctima como excusa para una danza mediática de hipócritas, opinadores, policías vocacionales y espectadores sedientos de sangre. En Cuerpecito no hay morbo gráfico ni sensacionalismo. Hay algo peor: el reflejo exacto de cómo una sociedad convierte la tragedia en entretenimiento. Y lo hace con una sonrisa torcida y un dibujo caricaturesco que congela la sangre más que mil primeros planos.
La obra sigue a Giani Martinelli, periodista íntegro que trabaja en el diario El Gavilán del Norte. Él representa lo que debería ser el periodismo: respeto por las víctimas, búsqueda de la verdad, contención ética. Pero su entorno lo empuja sin descanso hacia la cloaca: jefes que exigen carnaza, titulares que piden sangre, y una cobertura informativa que deshumaniza. En ese lodazal mediático, su única tabla de salvación es el profesor Renato Giraldi, un antropólogo que observa el crimen desde una distancia aséptica. Inspirado directamente en René Girard, Giraldi introduce en la narración la “teoría mimética”, explicando cómo las sociedades, para evitar el caos, necesitan sacrificar chivos expiatorios. Una idea que resuena con violencia si uno recuerda casos como el de Dolores Vázquez. El problema es que esa equidistancia, por muy académica que sea, también termina oliendo a deshumanización.

Del crimen al trending topic: la prensa como circo
Todo en Cuerpecito está diseñado para incomodar. Las páginas, aparentemente amables, están rematadas abajo por una banda rosa chillona que funciona como un teletipo infinito de noticias absurdas. Una cacofonía que recuerda al ruido constante de la tele y a ese “runrún” del espectáculo que nunca cesa. Pettinato no deja títere con cabeza: ni la prensa, que acosa al padre de la víctima buscando reacciones para vender más; ni la sociedad, que consume esos titulares como si fueran droga dura. Y lo más terrible es que lo que en 2013 parecía una sátira, hoy suena a crónica del presente: pódcasts, documentales, miniseries, libros y vídeos de YouTube explotan el true crime como un negocio redondo. En el cómic, un asesino en serie estrella mediática recibe visitas para dar “exclusivas”. ¿Ficción? Lo justo.
La dulzura engañosa del trazo de Pettinato en Cuerpecito —curvo, limpio, casi naïf— crea un contraste brutal con el fondo. Como si un dibujo animado narrara Shoah. El blanco y negro amplifica el impacto, despojando la tragedia de toda belleza formal. Porque esto no va de estética. Va de cómo una sociedad se alimenta del sufrimiento ajeno, siempre que tenga sangre, carne y víctimas que mostrar. Alcàsser fue la puerta a este horror mediático, lo siguieron Waninkof, Marta del Castillo, y por desgracia una amplia lista más de shows grotescos inundando magacines y noticieros de manera casi omnipresente y aberrante. Hoy seguimos igual. Cada crimen es un show, cada cadáver, una oportunidad, ada lágrima, monetizable. Y si no lo paramos, lo siguiente seremos nosotros, con las tripas abiertas y la cámara encima.

Sobre la edición de Cuerpecito
Dibbuks publica Cuerpecito en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras un prólogo firmado por Silvana Ghersetti.

Cuerpecito
Edita: Dibbuks
Lanzamiento: 02-09-2024
Editorial original: Coconino Press
Contiene: Corpicino
Autor/es: Tuono Pettinato
Formato: Cartoné
Tamaño: 240 x 170 mm.
Páginas: 144 pags.
Interior: Blanco y negro
ISBN: 978-84-18266-22-5
Precio: 21,00€



