Hablamos del tomo DC Black Label. Batman: Ciudad de Locura, una ambiciosa inmersión en el horror cósmico de Gotham que deslumbra visualmente pero se queda a un paso de la grandeza prometida.
Este DC Black Label Batman: Ciudad de Locura llegó con no poca expectación. El sello Black Label y tener a Christian Ward al mando garantizaban, como mínimo, libertad creativa plena y la genialidad visual del autor en su máxima expresión. La miniserie venía envuelta en el aura de ser la “continuadora espiritual de Arkham Asylum”, con toques de horror cósmico y un envoltorio gráfico sobresaliente. Una premisa que apuntaba alto —medirte con una leyenda siempre da vértigo—, muy alto. Tras varias lecturas, he llegado a la conclusión de que estamos ante una muy buena obra, pero no ante una obra maestra. Y no pasa nada. Es mejor entrar desde este prisma honesto para poder desgranar la obra como se merece.
Y sí, Ward está aquí en plena forma. Un dibujante y narrador prodigioso que no esconde sus influencias; al contrario, las ondea con orgullo. Su grafismo bebe, y mucho, de Bill Sienkiewicz, de Dave McKean —de quien se declara admirador confeso—, de Breccia o de Moebius —especialmente en algunas soluciones visuales, como su interpretación de Dos Caras—. Influencias claras, bien asimiladas y con mérito artístico propio, pero genealogía fácil de rastrear. Nada reprobable: si vas a inspirarte, hazlo de los mejores, y si tienes el talento de Ward, hazlo a lo grande. No por nada es una de las voces más interesantes del cómic actual. Y sí, esta obra es quizás —permitidme el tópico— su obra más personal hasta la fecha. Si Ward se inspira en otros, yo también puedo permitirme inspirarme en frases manidas.

Gotham Debajo: un concepto con potencia infinita
La historia comienza con un corrimiento de tierras provocado por un río subterráneo que recorre Gotham. Ese movimiento abre una grieta hacia “Gotham Debajo”, una contraparte oscura de la ya oscura ciudad, donde cada alma tiene su reflejo monstruoso. La versión tentacular de Batman escapa a nuestro plano y secuestra a un joven para convertirlo en su Robin. Batman, avisado por el Tribunal de los Búhos —con quien mantiene una tregua tensa—, cruza a esa Gotham invertida para rescatar al chico y detener a su doble. Un pacto peligroso que quizás oculte más de lo que el mejor detective del mundo sospecha. Esta es la trama principal, un high concept potentísimo… que se ve empañado por algo de lo que hablaré enseguida: las numerosas subtramas.
Porque la premisa es realmente buena. La idea de la culpa histórica, de Gotham como mente que engendra una versión oscura de sí misma. La noción de un lugar que es la sombra de la ciudad sombría por excelencia, y cómo el descenso a ese espacio es tanto literal como emocional. Una propuesta ambiciosa, con toques de horror cósmico —Ward insiste en llamarlo así y no “lovecraftiano” aunque su Batman tenga tentáculos en la cara— y con parecidos más que razonables con Stranger Things. Todo esto engancha desde el primer momento… pero se diluye o pierde foco en más de una ocasión. Ward podría haber firmado una obra indeleble en el imaginario del Caballero Oscuro, pero algunas decisiones hacen que el resultado tropiece.

Mucho talento, poco espacio
Porque Ciudad de locura arrastra un problema evidente: demasiadas tramas para tan poco espacio. Scarface, Dent, Alfred, Nightwing, Barbara Gordon, el propio Tribunal, La Garra, la intriga final, la mitología de Gotham Debajo… una avalancha que impide profundizar en la premisa inicial. Ese high concept podría haber llenado por sí solo las tres grapas dobles sin necesidad de añadir nada más. Sin embargo, tanta derivación —y solo la subtrama de Dent conduce a algo, y ni siquiera demasiado— hace que el foco principal pierda fuerza. Todo queda a medias. La miniserie quiere ser muchas cosas a la vez, pero carece del espacio —que no del talento— para desarrollarlas. Y mientras leemos —y sí, disfrutamos— la obra, no podemos quitarnos la sensación de oportunidad perdida. O de error de planificación al no convertir Ciudad de locura en una maxiserie.
En conclusión, estamos ante una obra buena, visualmente espectacular, fuera de serie. Una miniserie con ideas potentes mezcladas de forma interesante, formando un pastiche en el sentido más técnico del término, pero uno con valores de producción y aire de “obra de autor” muy claros. Quizá esté demasiado comprimida para alcanzar la grandeza que busca, y unas cuantas páginas más le habrían sentado de maravilla. Aun así, el viaje vale la pena. No es una obra maestra, pero sí una obra notable de Batman. Una que quizás no esté destinada a convertirse en referencia —como las obras de las que bebe—, pero sí a ser leída, disfrutada y recordada como algo más que un producto de consumo rápido y olvido inmediato.

Sobre la edición de DC Black Label. Batman: Ciudad de Locura
Panini cómics edita este Batman: Ciudad de Locura en un volumen a gran formato, en tapa dura y con sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras, un artículo de David Aliaga y una galería de portadas, ambas en la zona final del tomo.

DC Black Label. Batman: Ciudad de Locura
Edita: Panini cómics.
Editorial Original: DC COMICS
Autor/es: Christian Ward, Hassan Otsmane-Elhaou
Fecha de lanzamiento: 31 jul 2025.
Idioma: Español.
Páginas: 176 pags.
Tamaño: 24.5×31.5 cm.
Contiene: Batman: City of Madness 1-3
Formato: Cartoné.
Interior: Color.
ISBN: 9791370130411
Precio: 38,00€



