Hablamos de El Castigador: La caza de Furia, Garth Ennis dice al personaje con su historia más cruda. Un cierre brutal, imprescindible y sin redención
El Castigador: La caza de Furia pone el broche a una trilogía esencial para comprender la visión de Garth Ennis sobre Nick Furia. Tras la ácida sátira bélica de Fury (2001) y el implacable retrato histórico de Mis guerras perdidas (2012), esta miniserie de seis entregas continúa la senda crítica y madura del segundo título, alejándose del humor negro para ofrecernos una historia con poso, crítica y propósito. Furia ya no es solo un anacronismo con parche: es un hombre al que la Historia ha devorado. Ennis lo muestra como el brazo ejecutor del intervencionismo estadounidense, alguien que se cree indispensable, pero que nunca ha tenido el control real de nada. En ese juego de espejos, Frank Castle aparece como una versión más joven, cruda y despiadada. Ambos personajes se cruzan de nuevo en un tablero que no controlan. Son peones que creen ser reyes. Y no lo son.
La trama arranca en el pleno 1971. Un año después de que Frank Castle salvara la vida a Furia en plena jungla vietnamita, el alto mando de inteligencia estadounidense le da una nueva orden: matar a Nick Furia. No rescatarle, eliminarlo. Este ha sido capturado y… sabe demasiado. Castle, aún humano, aun con familia —tiene un hijo y otro en camino—, acepta sin apenas dudar. Esa decisión —brutal, contradictoria y dolorosa— marca el tono de toda la obra. Ennis construye la historia desde escontradiccion imposible: el compañero convertido en amenaza, el héroe que se convierte en objetivo. Y lo hace sin aspavientos ni exageraciones, con una frialdad que duele más que cualquier explosión. Es una traición institucionalizada, un jaque mate sin honor ni gloria.

Furia: un soldado hecho de cicatrices
La miniserie se articula como una operación de infiltración y extracción. Castle, bajo una falsa identidad rusa, se interna en el infame Hanói Hilton, una prisión brutal donde Furia es torturado y degradado física y mentalmente. En paralelo, conocemos a una mujer vietnamita y su hija, antiguo amor de Furia y —descubriremos— madre de su hija. Castle conoce esta información, pero Furia no, y esa ignorancia será clave. El plan es exitoso, pero el precio es insoportable: madre e hija mueren. Castle sobrevive y Furia —ambos por puro milagro—, también. Pero el contraste es revelador: esa brutal pérdida que más adelante rompería para siempre a Castle, aquí no afecta a Furia. Para él, una misión –rutinaria– más en su agenda. Y esa es la tesis de Ennis: hay hombres que sienten, y hombres que solo disparan. La guerra se encargará de romper a ambos inexorablemente con el tiempo.
Esta miniserie no es acción al uso, aunque haya tiroteos y misiones suicidas. Es un relato sobre la maquinaria — CIA, ejército o Estado— que devora a sus propios engranajes. . Furia y Castle creen tener voluntad, pero son piezas de un juego que otros ejecutan desde despachos. Ennis no oculta su desprecio por ese aparato inmoral y cobarde. El paralelismo entre ambos personajes es perfecto: uno ya está roto, el otro está a punto de romperse. Lo que le pasará a Castle en Central Park años después ya se insinúa aquí, como una sombra inevitable. Y lo que le suceda a Furia… da igual. Él ya no siente nada. Cuando en el helicóptero, pregunta a Castle: “¿Quiénes eran esas dos?”, el lector intuya que, aunque hubiera sabido que eran su hija y su amante, para Furia habría sido lo mismo. Un daño colateral. Todo por la patria.

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El precio de la lealtad se paga en sangre
El dibujo de Jacen Burrows, —enorme en la magistral Providence— es funcional pero eficaz, sabe cuándo brillar y cuándo pasar desapercibido. No destaca por su espectacularidad, y deja con la sensación constante de “podría haberlo hecho un poco mejor”, pero acompaña con solvencia cada escena, desde los planos cerrados de tensión hasta las explosiones de violencia. Burrows no necesita artificios; se apoya en la claridad narrativa y en una puesta en página tradicional y seca, que refuerza la frialdad del guion. Las tintas de Guillermo Ortego añaden densidad sin emborronar. El color de Nolan Woodard, si bien algo plano en ocasiones, no desentona y mantiene el tono sobrio que pide la historia. Todo al servicio de un guion que no permite alardes. Aquí no se viene a lucirse: se viene a contar una tragedia.
El Castigador: La caza de Furia es imprescindible para todo lector que haya disfrutado de las anteriores incursiones de Ennis en la psique y el ocaso de Furia. Pero también lo es para quienes quieran ver cómo el cómic de superhéroes puede abordar los horrores del intervencionismo bélico con honestidad brutal. No es una lectura cómoda, ni amable. Pero sí es una obra necesaria, dolorosa, lúcida y —en su último suspiro— incluso hermosa. Ennis no glorifica la violencia, la desmenuza. No idolatra a sus protagonistas, los expone. Y al hacerlo, los hace más reales. Como el propio Letrong Giap dice al final del tomo: “Si la vida de un hombre se mide por sus enemigos, la mía ha sido rica.” Estamos ante el eco final de una canción que siempre fue un réquiem. Esperemos que este no sea el último contacto de Ennis con los personajes, crucemos los dedos.

Sobre la edición de El Castigador: La caza de Furia
Panini Cómics edita El Castigador: La caza de Furia en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras dos breves articulos de Julián M. Clemente, uno al comienzo y otro al final del tomo.

El Castigador: La caza de Furia
Edita: Panini cómics
Editorial Original: Marvel Comics
Autor/es: Jacen Burrows, Garth Ennis, Guillermo Ortego, Nolan Woodard, Rob Steen, Dave Johnson
Fecha de lanzamiento: 27 feb 2025
Idioma: Español
Páginas: 136 pags.
Tamaño: 17×26 cm.
Contiene: Get Fury 1-6
Formato: Cartoné
Edad: 14+
Interior: Color
ISBN: 9788410514874
Precio: 22,00€



