El mortal Thor 3 sigue cocinando a fuego lento. Ewing aprieta el misterio, juega con la tradición de Thor y vuelve a dejarnos esperando respuestas.
Toca sentarse a analizar el tomo de Panini El mortal Thor 3, una entrega que funciona como un tríptico fascinante pero peligrosamente pausado. Al Ewing sigue cocinando su deconstrucción a un fuego tan lento que por momentos roza el larguero de la paciencia del lector. En la escala de la obra, el guionista nos sujeta a la brocha mientras nos quita la escalera, ofreciendo un avance que avanza al ritmo de la deriva continental. No estamos en absoluto ante una mala serie. La innegable calidad del escritor y una estructura inasequible al aburrimiento nos mantienen completamente pegados a las páginas. Es una apuesta formal arriesgada que en conjunto se lleva un notable alto. Mantenemos intacta la fe en Ewing porque sabemos que, cuando la grieta estalle y el hechizo se rompa, nos vamos a quedar con la boca abierta.
El entramado que abre y cierra este volumen clava un armazón esquemático idéntico que resulta difícil atribuir a la casualidad. Ewing nos presenta dos enfrentamientos de corte puramente analógico. Sigurd Jarlson contra Mr. Hyde en la séptima grapa, y contra el Hombre Radiactivo en la novena. En ambos escenarios, el héroe despojado de su divinidad y de su épica tradicional vence por los pelos, dejando a la libre interpretación del lector si intervino la suerte o un remanente místico. El patrón matemático se repite al milímetro en ambos números: un combate tosco y callejero, una brevísima epifanía mística de dos viñetas en sueños y la corporación Roxxon irrumpiendo en la última página mientras Lucky ronda por el escenario. Ewing utiliza esta estructura en espejo para demostrarnos de forma brillante que la realidad del protagonista está atrapada en un bucle controlado.

Ewing sigue cocinando a fuego lento
Para sostener un ritmo tan pausado es indispensable contar con mimbres gráficos de primerísimo nivel. El desempeño de Pasqual Ferry en las grapas siete y nueve es el motor que dignifica la suciedad, los cristales rotos y el entorno urbano de Nueva York. Su trazo limpio y su soberbia fluidez en las escenas de acción hiperbólicas evitan que la tosquedad física de Sigurd Jarlson pierda un ápice de plasticidad. El gran golpe de genio visual del dibujante catalán se produce en la novena grapa. Ferry viste al protagonista con un traje de protección radiológica cuyos adornos circulares en la pechera emulan directamente el diseño del traje clásico de Thor. Es una constatación física sensacional de que el mito del Dios del Trueno sigue latiendo con fuerza, aunque ahora mismo se encuentre enterrado bajo capas de plomo y lona obrera.
Curiosamente, el oasis conceptual del tomo llega en el único número donde no aparece el protagonista. La octava grapa se centra en Magni y Amora dentro de una Asgard distorsionada. Para los lectores constantes de Stephen King, la ambientación evoca inmediatamente a La Torre Oscura: nos encontramos en un entorno fantástico que sutilmente «se ha movido» y ya no es el que conocíamos. Ewing aprovecha este escenario alterado para marcarse un prodigioso ejercicio metanarrativo que destaca como lo mejor del tomo. El guionista construye una aventura puramente asgardiana de intrigas palaciegas y encantamientos divinos que funciona simultáneamente en tres niveles. Es un sentido homenaje, una sátira corporativa y una parodia sumamente respetuosa con la era más clásica, colorida y ampulosa de creadores legendarios como Stan Lee y Jack Kirby. Oro puro.

¿Por qué mantenemos la fe en la zona de incertidumbre?
El apartado gráfico de este intermedio corre a cargo de Juann Cabal. Artista cuyo detallismo limpio y elegante contrasta a la perfección con el barro terrenal que Ferry plasma en Midgard. Sin embargo, el clímax del guion expone la doble cara de Ewing. La Encantadora dispara una flecha mística que atraviesa las dimensiones de los Nueve Reinos para alterar la regencia; una idea conceptualmente genial cuyo punch dramático termina resultando frío. El objetivo del letal proyectil es Blackjack, un conejo secundario con el que el lector apenas ha tenido tiempo de establecer un vínculo emocional. La escala es descomunal para un fin tan pequeño en apariencia. La pizarra de ajedrez político de Ewing se impone a la empatía, confirmando que el autor prefiere priorizar los engranajes del juego metaficcional por encima del corazón del espectador.
Nueve entregas después del arranque de la cabecera, el fresco global de la serie sigue oculto tras el telón. Solo intuimos una cosmovisión que todavía no logramos comprender. El mortal Thor 3 premia al lector activo con chispazos de genialidad incontestable y un despliegue artístico que rinde muy por encima del mínimo exigible en la industria estadounidense. A pesar de que el goteo de información resulta en ocasiones exasperante y desespera a los más impacientes. Empero la lectura se disfruta enormemente si se realiza del tirón en este formato recopilatorio de Panini. No es una propuesta complaciente y sus costuras quedan a la vista, pero mantiene encendida la llama del interés. Por ello, decidimos no otorgarle un notable alto pero tampoco dejarlo caer en un bien simple. Lo dejamos varado exactamente en la misma zona de incertidumbre en la que el autor nos ha situado.

Sobre la edición de El mortal Thor 3
Panini Cómics edita este El mortal Thor 3 en un tomo formato comic-book con lomo. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras, una amplia galería de portadas y un artículo de Bruno Orive.

El mortal Thor 3
Edita: Panini Cómics.
Editorial Original: Marvel Comics.
Autor/es: Al Ewing, Pasqual Ferry, Juann Cabal, Matt Milla, Alex Ross, Jesus Aburtov,
Fecha de lanzamiento: 13 ago 2026
Idioma: Español.
Páginas: 80 pags.
Tamaño: 17X26 cm.
Contiene: The Mortal Thor 7-9
Formato: Comic-Book con lomo.
Interior: Color.
ISSN: 977308196200000003
Precio: 8,95€



