Reflexiones Comitequeras – 1ª Parte

Reflexiones Comitequeras, una vida entre tebeos

Buenos días, buenas tardes o buenas noches viajero. Sea cual sea la hora a la que has llegado hasta aquí. En esta ocasión aprovecho la sección que tengo en La Comicteca para hacer unos breves muy especiales para mí. Aprovechando la cuarentena y para mantenerme ocupada, he estado reorganizando mi biblioteca. Poniéndome al día con lecturas pendientes y por que no, releyendo algunas de las joyas que tengo. Cómo digo siempre hay cómic y libros que tienen dos historias. La del cómic o libro en sí y la del lector. Acompañadme en estas reflexiones comitequeras.

Todos tenemos en casa cómic o libros que han significado algo para nosotros por los motivos que sean. Un regalo especial, una lectura que te marcó, un descubrimiento alucinante, páginas que te han acompañado desde crío. Aventuras y experiencias desde el sofá de tu casa, en definitiva . Por eso hoy me gustaría compartir con todos vosotros algunas de estas vivencias. Ya sea a través de las páginas de un cómic, serie o personaje. Un viaje por mi colección que espero que os guste y en esta primera parte centrada en mi infancia. Allá vamos.

JOYAS LITERARIAS JUVENILES

La foto que acompaña este párrafo no representa toda mi colección, ni mucho menos. Son algunos de los que forman parte de esta serie que heredé de mi madre. Son muchas las tardes de aventuras que nos han proporcionado estos cómic a mi hermano y a mí. Muchas las re-lecturas. En ellos se nota el paso del tiempo y el paso de mano en mano y los recuerdo con muchísimo cariño. Hace años volvieron a reeditarlas, esa vez con tapa dura. Mi hermano se hizo la colección completa y yo me quedé con estos. En ese aspecto soy una romántica empedernida. Para mí los originales son con los crecí, y los que guardan ese viaje generacional que espero poder transmitir un día a mi prole.

Dentro de esta colección mi madre tenía también los de Esther y su mundo. Otra colección que también leí en su momento y que guardo con el mismo cariño que el resto. En cierto modo fueron como una perspectiva de ver la vida desde los ojos de una cría. Acompañar a esta joven en sus aventuras diarias, sus amores y desamores, algo que por aquel entonces yo veía lejano. Pero empatizabas con el personaje rápidamente. De toda esta colección, tenía mis preferidos, aquellos que no te cansabas de leer una y otra vez. En especial recuerdo “El Robinson suizo” y “Un yanqui en la corte del rey Arturo”.

ASTERIX Y OBELIX

No tengo la colección completa, y es algo que en futuro me gustaría. Pero tengo que ponerlos en esta entrada por los buenos momentos que me proporcionaron en el colegio. Recuerdo que en la biblioteca mi cole, tenían todos los tomos recopilatorios en tapa de color azul. Una edición que tenía en la cubierta con cierto tacto esponjoso muy característico. Mi recuerdo viene de leerlos una y otra vez en los recreos, y de llevármelos a casa para leerlos nuevamente. Con el paso del tiempo fui comprando algunos tomos sueltos de otras ediciones, en concreto la que sacó Salvat.

JABATO Y EL CAPITÁN TRUENO

Los voy a poner juntos y que me perdonen los puristas. Pero es que estos dos personajes también forman parte de esa herencia de cómic que mi madre nos transmitió a mis hermanos y a mí. Y cuando eres niño poco te importan las diferencias o semejanzas y leerte historias incompletas. Cuando los personajes te gustan, sean quienes sean, lo mismo te lees de uno que de otro que te quedas a medias. Y no te queda otra que imaginarte como acaba la historia. El buen rato de lectura que has pasado no te lo quita nadie. En la actualidad no es un tipo de lectura que consuma. Mis gustos y preferencias van por otros derroteros. Pero siempre me acompañarán estos dos personajes como parte de lo que fui y en lo que me he convertido.

El Capitán Trueno y el Jabato juntos

SUPER HUMOR

Pongo en el título los Superhumor, pero vamos a englobar aquí todo. Porque no solo era este tipo de formato donde encuentras aventuras completas y demás. Habló de todos estos personajes de Ibañez y Escobar, que me han acompañado en toda mi infancia, -en la vuestra seguro que también- y por qué no decirlo, en vida adulta. Y en cualquiera de los formatos en que han sido publicados. Porque la inmensa colección que tengo engloba desde tomos de coleccionables, hasta tomos de antes de tener consciencia. E incluso de cómic de segunda mano encontrados en mercadillos. Yo crecí en un pueblo pequeño, y allí no había librerías ni tiendas especializadas. ¿Quién le iba a decir a aquella niña que Treinta años después iba a acabar trabajando en una de ellas?

El acceso a la cultura era complicado a menos que te vinieras a Burgos a hacer las compras. O a menos que bajara a Villarcayo, un pueblo cerca del mío, donde podía comprar algunas cosas, que no todas las que me hubieran gustado. Afortunadamente en el colegio teníamos una biblioteca muy bien surtida de la que hice muy buen uso en su momento. También recuerdo el día que nos anunciaron que iba a venir el “bibliobus” desde Burgos, con montones de lectura diferente todos los meses. Se podría decir que en ese momento fui la mujer más feliz del mundo. Pero sin rodeos, volvamos al tema que nos ocupa, que es el de estos cómic.

Algunos tomos de Super Humor.

La generación Bruguera, varias décadas de lectores.

Cómo ya he dicho, vivir en un pueblo tiene este ligero inconveniente. Y dependía mucho de los viajes para conseguir comprar algunas lecturas. Mis padres tenían una tradición desde que eramos chiquitos. Cada vez que se venían a Burgos, nos traían un cómic de Mortadelo o de Zipi y Zape a mi hermano y a mí. Me llevo diez años de diferencia con mi hermana, y en esos diez años las cosas cambiaron mucho. Lo digo para que si lee esto, no se me enfurrusque porque no la nombro, que yo la quiero igual.

Igual os puede parecer la tontería más grande del mundo, pero para nosotros molaba mucho porque esperábamos ese momento con ganas. Con el paso del tiempo, a la tradición se añadió el hecho de comprarnos un “Super Humor” cada vez que estábamos malos, para hacer la convalecencia más llevadera. Tradición que en lo personal he seguido manteniendo incluso desde que me fui de casa a los 17 años para estudiar fuera.

Algunos personajes de Bruguera que poblaban las páginas de estos Super Humor.

Cerrando una etapa y abriendo otra.

También he de añadir aquí un verano en el que un vecino de mis padres, llegó a casa con una enorme caja de TBO y cómics variados. Una caja que me dejó para leer. No los tengo en mi colección porque fueron prestados, pero ese recuerdo me acompañará siempre.

Hasta aquí os dejo el recorrido por alguno de los cómic que me han acompañado en la infancia y que recuerdo con muchísimo cariño. En estos días os iré preparando un recorrido por la edad adulta.  Y para abrir boca os dejo con los cómic de la imagen. Fueron de los primeros que me compré cuando empecé a vivir sola. Soy fanática de los zombis, pero también de todo lo que lleve la marca Alien y Predator.

Y vosotros… ¿Qué cómics de vuestra infancia guardáis con cariño?

1 COMENTARIO

  1. Mi nombre es Javier y vivo en Uruguay. Las joyas literarias fueron la primera aproximación a los clásicos juveniles. Recuerdo tres historias en un solo volumen de Edmundo d’amicis. Aquí en Uruguay eran muy populares los comics de bruguera, eso sí muy discontinuados. Se solía hacer ya hace muchos años el canje o cambio de revistas en algunos kioscos, entonces te ibas renovando. Eran muy comunes revistas argentinas y de editorial Novaro (mexicana). De España recuerdo con gran aprecio las Copito.Luego de grande kiling, una simil copia de Diabolik. Un abrazo.

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