Hablamos del tomo Supergirl: Mujer del mañana, una aventura espacial que convierte un viaje de venganza en una de las historias más emotivas, bellas y memorables que ha protagonizado Kara Zor-El en toda su trayectoria.
Con el estreno de Supergirl en cines, es inevitable que muchos lleguen aquí buscando “el cómic en el que se basa la película”. Y oye, mejor momento imposible para revisitar Supergirl: Mujer del mañana la obra de Tom King y Bilquis Evely, una de las historias más potentes que ha tenido Kara en décadas. Aquí no hay multiversos, ni kryptonitas de colores, ni grandes crossovers. Esto es una road movie cósmica que arranca con un asesinato y una promesa de venganza. Ruthye, una niña de un planeta remoto, ve morir a su padre a manos del mercenario Krem… y en su desesperación se cruza con Supergirl, borracha, cansada y celebrando su cumpleaños en un mundo donde nadie la conoce. Ese encuentro fortuito desencadena una odisea que mezcla western, fantasía y tragedia con una sensibilidad que King rara vez muestra.
La obra se sostiene sobre una premisa sencilla y devastadora. Ruthye quiere vengar a su padre, y Supergirl decide acompañarla. No para matar, sino para enseñarle algo que la niña aún no sabe que necesita. El viaje por el cosmos es brutal, lleno de mundos arrasados por las huestes de Krem, sociedades rotas, violencia sistemática y un rastro de dolor que parece no tener fin. King construye la historia como un western espacial donde cada planeta es una parada en la caída emocional de Ruthye y en el cansancio moral de Kara. La inocencia se pierde rápido, la rabia crece, y la persecución se convierte en una obsesión que amenaza con devorar a ambas. Pero incluso en ese contexto, la obra mantiene una luz tenue. La posibilidad (remota) de que este viaje sea algo más que sangre y fuego.

Una road movie espacial con alma de western y núcleo de venganza
King articula la historia sobre un conjunto de temas que se entrelazan. El trauma colectivo aparece en paralelo; la destrucción de Krypton y la masacre del mundo de Ruthye funcionan como espejos rotos que revelan cómo dos supervivientes afrontan el dolor de formas distintas. La pérdida de la inocencia. Ruthye, la única hija entre siete hermanos, es quien da el paso adelante para vengar a su padre, y ese gesto marca el fin abrupto de su niñez. Kara, por su parte, carga con el legado de ser “la prima de Superman”, una etiqueta que la persigue incluso cuando salva mundos enteros. Y entre ambas surge un vínculo precioso, duro, lleno de aprendizaje mutuo. La obra explora cómo la violencia sistemática corrompe, pero también cómo la empatía puede abrir grietas en esa oscuridad.
En el fondo, Supergirl: Mujer del mañana es una obra sobre la resiliencia moral. King plantea que el dolor, por profundo que sea, no debe destruir tu brújula ética. Kara encarna un heroísmo compasivo que no es ingenuo ni blandito. Es una luz firme que protege sin rebajarse al nivel del opresor. Sabe castigar, sabe emputarse, sabe perder los nervios… pero nunca cruza la línea que la convertiría en aquello que combate. Ruthye aprende de ella que la supervivencia digna consiste en mirar al abismo sin dejar que te devore. La obra defiende que crecer no es olvidar, ni perdonar obligatoriamente, ni fingir que no te duele…. es aceptar que el dolor existe y aun así elegir construir. King, sorprendentemente (para lo que es él) luminoso, articula una ética heroica bastante honesta, adulta y sí, profundamente humana.

Dolor, justicia y esperanza entre las estrellas
Pero King no se queda en la luz. La obra también muestra la cara más cruda de la realidad. La venganza como respuesta natural cuando la justicia institucional es inexistente. Ruthye quiere sangre porque el mundo le ha fallado, y nosotros lo entendemos. Krem, por su parte, es un nihilista cobarde, un mercenario orgulloso de su propia mediocridad. Un hombre(cillo) que destruye por egoísmo y desprecio absoluto hacia la vida ajena. Su paso por la Zona Fantasma lo transforma… pero no lo redime. Y el daño que infligió es tan profundo que el perdón tradicional se vuelve imposible. King no romantiza nada. Hay heridas que no cierran y cicatrices que no se borran. Algunos rencores teacompañan toda una vida. La obra abraza esa crudeza… pero sin caer en el cinismo.
El cierre del cómic es una de las piezas más elegantes de la carrera de King. La obra defiende que se puede sanar sin perdonar, que se puede crecer sin justificar al verdugo y que se puede seguir adelante sin borrar el dolor. Ruthye, ya adulta, sigue herida, sigue marcada, sigue recordando… pero ello no la hace peor persona. La venganza era la opción destructiva. Aceptar el dolor, aunque duela toda la vida, es la opción digna. Kara, por su parte, enfrenta su propio eco del destino del padre (por alerta-spoiler mejor no digo más) de Ruthye, y la justicia poética que King construye es dura, gris y algo áspera. El heroísmo real convive con cicatrices, con límites, con decisiones difíciles. No hay mito platónico aquí, unicamente la vida con toda su complejidad.

Tom King mostrando sus otros registros.. y brillando
King se aleja de su estilo habitual: adiós a los diálogos fríos, repetitivos y matemáticos de Rorschach o Mister Miracle. Aquí escribe con una prosa lírica, casi poética, apoyándose en la voz en off de Ruthye para construir una epopeya clásica disfrazada de western espacial. La estructura de road movie le permite respirar, expandirse, jugar con la emoción sin caer en la asepsia psicológica que a veces lo encierra. Cuando quiere, King mete la mano en tu pecho, aprieta y te destroza. Y aquí quiere. La obra demuestra que, lejos de su fórmula mil veces usada, puede escribir con una sensibilidad enorme, con una épica emocional que te conmueve. Estamos, sin duda, una de las historias más icónicas de la Supergirl moderna. De esas imprescindibles.
Bilquis Evely convierte la odisea de King en una fantasía espacial orgánica que huye del metal y el plástico de la ciencia ficción tradicional. Sus mundos parecen salidos de un Moebius moderno. Texturas vivas, paisajes colosales, criaturas imposibles y una sensibilidad europea que da al cómic una identidad visual única. La expresividad de Kara —cansada, imponente, luminosa— y la evolución del rostro de Ruthye son ma-gis-tra-les. La narrativa visual alterna intimidad y grandiosidad con una fluidez sublime. Y el color de Matheus Lopes es pura magia. Paletas psicodélicas, crepusculares, magnéticas, que convierten cada etapa del viaje en un viaje sensorial. Es un cómic que se lee. Pero también se contempla por puro sentido de la maravilla visual.

Sobre la edición de Supergirl: Mujer del mañana
Panini Cómics publica Supergirl: Mujer del mañana en un tomo formato cartoné. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad.

Supergirl: Mujer del mañana
Edita: Panini cómics.
Editorial Original: DC COMICS.
Autor/es: Bilquis Evely, Tom King, Matheus Lopes. Clayton Cowles,
Fecha de lanzamiento: 28 may 2026.
Idioma: Español
Páginas: 272 pags.
Tamaño: 18.3X27.7 cm.
Contiene: Supergirl: Woman of Tomorrow 1-8
Formato: Cartoné.
Interior: Color.
ISBN: 9791370136338
Precio: 33,00€



