Hablamos del cómic Violencia gratuita, una distopía seca y demoledora donde Patrick Horvath desnuda la violencia del privilegio, el espectáculo del capitalismo y la incomodidad de mirar sin poder intervenir.
Una de las obras que más removieron la industria —al menos en el terreno indie— el pasado 2025 fue Bajo los árboles, donde nadie te ve, un thriller escalofriante —y muy sangriento— envuelto en papel de brillantina y estética de cuento de hadas que puso a su autor, Patrick Horvath, en el punto de mira de todos los amantes del noveno arte. Aprovechando el rebufo, el autor decidió darle una segunda oportunidad a una obra concebida entre 2016 y 2019 y que hasta el momento solo había sido editada de manera digital. Horvath decidió remasterizarla, mejorando algunos detalles como el color y la rotulación y, para nuestra suerte —y bueno, la suya como autor—, la cosa salió adelante: Violencia gratuita vio la luz en formato físico a comienzos de 2025 en EE. UU. y a finales del mismo año en España gracias a Astiberri.
Podríamos decir que esta es la obra que Horvath escribió y dibujó antes de ser “el Horvath” que conocemos. Y se nota la diferencia de varios años entre ambas obras. Aquí tenemos a un autor que aún no había alcanzado ese grafismo preciosista de cuento infantil ni esa narrativa delicada y contundente. Si Bajo los árboles, donde nadie te ve era una flor tan bella a la vista como venenosa en su lectura, Violencia gratuita es más sobria, austera y directa en absolutamente todos los sentidos. Debe desarrollar su tesis en apenas 56 páginas sin dejarse nada en el tintero, y creedme cuando os digo que lo consigue. He tenido que darle hasta una tercera lectura antes de sentarme a escribir la reseña, con una docena de marcadores de colorinchis en el tomo y unas cuantas notas para ordenar ideas.

No hay héroes en la arena del capital
Es de esas novelas gráficas de “sé lo que he leído, pero déjame un rato para saber cómo me siento, porfa”, y eso siempre es un punto positivo. La trama es aparentemente simple. En un futuro cercano, con tintes de distopía, los multimillonarios participan en una suerte de lotería fiscal que les deja dos opciones: o donas la mitad de tu fortuna a la “Liga Financiera Mundial”, o te niegas y defiendes todo tu patrimonio en una lucha a muerte en una arena de gladiadores. Siempre hay opción. Ted Brooks, campeón imbatible con 21 victorias consecutivas, podría pagar, podría retirarse o simplemente podría vivir tranquilo como una auténtica leyenda, tanto de la arena como del sector inmobiliario donde atesora una fortuna descomunal.
Pero no quiere. Está enamorado de su dinero, de su poder o de la violencia. Da igual cuál sea la respuesta, porque todas son malas. Abramos la puerta que abramos, el premio nunca es honorable. El giro llega cuando su nueva contrincante es su exesposa, Luella Domínguez, a la que arruinó años atrás. Ella se rehízo, volvió a ser multimillonaria… solo para poder entrar en la arena y enfrentarse a él. Nuevamente, una motivación cuestionable en busca de una vendetta. Y, sin importar quién gane o pierda, la LFM gana. La banca siempre gana, aunque eso ya lo sabemos todos. Horvath recrea una especie de Celebrity Deathmatch —los más ancianos del lugar lo recordaréis como aquella serie de clips en MTV que enfrentaba a famosos en un stop motion tan sangriento como delirante— donde la violencia es institucionalizada, nunca castigada y siempre celebrada.

Una distopía escrita para nuestro presente
El sistema es tan simple que pone los pelos de punta: pagar o matar/morir. La arena es el campo capitalista donde millonarios y millonarias con egos tan grandes como sus cuentas corrientes son jaleados por un pueblo llano que apenas llega a fin de mes. Vamos, como una mañana cualquiera en Twitter. Horvath declara que la idea de la obra surge de su propia visión de las desigualdades económicas y del malestar general de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016. También de aquella “bienintencionada” iniciativa de Bill Gates —entre otros— conocida como “The Giving Pledge”, que animaba a los mayores magnates del planeta a donar gran parte de sus riquezas a la caridad. Horvath pensó —y no sin razón— que la mayoría de ellos lucharían a muerte para conservar hasta el último centavo.
La obra abre con la muerte de un magnate farmacéutico que ha subido el precio de un medicamento contra el cáncer “porque sí”. Y luego lees el caso real de Luigi Mangione, que asesinó a un CEO de una aseguradora médica en un estallido de desesperación. La ficción muestra la violencia de los privilegiados. La realidad mostró la violencia de un desesperado. Ambas nacen del mismo sistema. Y ambas son igualmente condenables. Aunque la posibilidad de pudrirte en una celda es inversamente proporcional a lo abultada que sea tu cuenta corriente, las cosas como son. Horvath ya plantea en la entrevista que acompaña al cómic: “¿Qué obtendrías si cogieras una parte de las obscenas cantidades sobrantes de dinero de los ricos? ¿Y si las dedicaras a educación, sanidad y vivienda? ¿Qué quedaría tras una o dos generaciones criadas sin el peso de la desesperación a sus espaldas?”.

Mirar, aplaudir y perder: el papel del espectador
Pregunta incómoda, pero imposible de quitarse de la cabeza al cerrar la obra. Porque en este cómic la batalla que vertebra el grueso de la historia no es noble. Ted no es mejor que Luella ni ella es más noble que él. Las motivaciones de ambos son mezquinas y nos deben resultar ajenas. Somos meros espectadores sin voz ni voto y, gane quien gane, nosotros hemos perdido antes de empezar. La obra te deja pensando en quién puede ejercer violencia y quién no, y por qué. Y quizá por eso funciona: porque no te da respuestas, solo te deja en la arena, mirando cómo el sistema aplaude. Como gritamos “gol”, aplaudimos la última charlotada de Musk o damos un “like” a cualquier multimillonario en una red social de la que posiblemente sea accionista.
La última viñeta, con una niña pequeña mirando a Luella, nos deja pensando si esa nueva generación aprenderá algo o seguirá con los pecados de sus padres. Y no tenemos respuesta. Y la que intuimos es demasiado negra. En conclusión, estamos ante una obra primeriza de un autor excepcional que, de un modo más sintético y seco, suelta una tesis terriblemente incómoda pero pertinente. Tenemos suerte de que se haya recuperado, porque tras casi una década desde su planteamiento, parece escrita para el zeitgeist actual. Y posiblemente su mensaje no caduque en mucho tiempo. El único miedo que corremos es que quede opacada por una realidad aún peor. No es tan redonda como Bajo los árboles, donde nadie te ve, pero es mucho más contundente.

Sobre la edición de Violencia gratuita
Astiberri edita Violencia gratuita en un tomo de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior papel y reproducción gráfica de la máxima calidad. Como extras una extensa —y la verdad, muy interesante— entrevista al historietista Patrick Horvath. También contamos con una docena de páginas donde el propio autor analiza sus propias viñetas diseccionándolas minuciosamente y una galería de portadas. Como comentario personal, dire que esta clase de extras son de esos que aportan, empujan a darle una segunda o tercera lectura a la obra y a poder sacarle todo el jugo a un trabajo ya de por sí lleno de matices.

Violencia gratuita
Edita: Astiberri
Lanzamiento: Diciembre 2025
Editorial original: Oni Press
Contiene: Free for all
Traducción: Santiago García.
Autor/es: Patrick Hovarth.
Formato: Cartoné.
Tamaño: 17 x 26 cm.
Páginas: 72 pags.
Interior: Color.
ISBN: 978-84-10332-81-2
Precio: 14,00 €



