Hablamos del tomo Carretera Fantasma 2, donde Jeff Lemire afila el misterio, acelera el ritmo y convierte la carretera en un descenso emocional tan perturbador como fascinante.
Este reseña de Carretera Fantasma 2 llega un poco tarde desde su edición en castellano en septiembre de 2024, cortesía de Astiberri. Lo se. Pero ahora que la serie parece haber recuperado ritmo —de 2023 a diciembre de 2025 solo han salido 15 grapas, ya recopiladas en 3 TPB en USA— y con el tercer volumen presumiblemente al caer, es un momento perfecto para volver a subirnos al camión con Birdie y Dom. La carretera, lejos de aclararse, se vuelve más densa, más extraña y más plagada de incógnitas a cada página. Este segundo tomo desarrolla y amplía lo planteado en el primero: expande el lore, responde preguntas y abre otras tantas a medio y largo plazo. Lemire mide el tempo con precisión quirúrgica y evita frenar en este descenso compartido al infierno, acompañado por Dom, Birdie, la agente Weaver y un puñado de secundarios tan hipnóticos como bien situados.
Lemire vuelve a demostrar su habilidad para insertar lo extraño en lo cotidiano —marca de la casa— y continúa construyendo un cosmos donde el velo entre realidades, entre el horror institucional y el sobrenatural, se desdibuja cada vez más. Bebe de muchísimos tropos del cine de Lynch, tanto estéticos como formales, pero los lleva a su terreno: el del analista de miedos y complejidades humanas. El resultado podría haber caído en el homenaje excesivo, pero mantiene un sabor propio. La trama de Dom y Birdie avanza con un golpe de efecto magnífico —que en el siguiente tomo lo cambiará todo— mientras ambos continúan su tránsito por esa carretera paralela a la nuestra. Lemire utiliza un recurso narrativo brillante para desarrollar a los personajes sin destripar nada, dotándolos de un trasfondo humano, doloroso e incómodo que convierte su viaje en una huida hacia adelante sin propósito claro… por ahora.

Trauma, instituciones y miedos heredados
La otra gran línea argumental —la de la agente Theresa Weaver— se retuerce cada vez más. Cuanto más avanza en su investigación, más evidente es que está acercándose a algo que no debería tocar. Lemire, fiel a su costumbre de sembrar traumas, profundiza en ella mediante flashbacks inicialmente confusos, pero que apuntan a algo mayor. La carretera fantasmal, su padre y un misterioso hombre de camisa hawaiana que parece saltar de un lado a otro del velo. El guionista no escatima en sangre, atrocidades —nunca gratuitas— y turbidez emocional, convirtiendo este segundo volumen en algo más dinámico que el primero. Y se agradece que la lentitud inicial se haya disipado casi por completo. La lectura fluye con más tensión, más ritmo y una sensación creciente de que todo está a punto de romperse, como si el velo fuera cada vez más frágil.
En paralelo, la historia de Weaver se convierte en un espejo oscuro del viaje de Dom y Birdie. Mientras estos avanzan por la carretera entre dimensiones, Weaver se hunde en un laberinto institucional donde cada respuesta abre una puerta más inquietante que la anterior. Lemire juega con la idea de que el horror no solo está detrás del velo, sino también en los pasillos de las agencias gubernamentales, en los silencios heredados y en los traumas que se transmiten como un eco. El misterioso hombre de la camisa hawaiana funciona como un hilo conductor entre ambos mundos, un recordatorio de que nada es casual y de que la carretera no es solo un lugar, sino un estado mental. Este equilibrio entre lo sobrenatural y lo humano convierte la trama en un rompecabezas emocional que se disfruta incluso cuando duele.

Lemire, Lynch y la serie B que no lo es
En el apartado gráfico, Gabriel Hernández Walta y Jordie Bellaire están soberbios. Walta aporta una presencia oscura, trémula, casi surreal, construyendo un mundo que exuda rareza en cada línea nerviosa. Su manejo de la oscuridad es apabullante, sus escenas nocturnas magistrales, su worldbuilding ejemplar y su capacidad para transmitir emociones con un gesto o una mirada, inigualable. Lemire lo sabe y delega parte de la narración en sus lápices, que responden con brillantez. Más aún: Walta consigue que el mundo “detrás del velo”, siempre iluminado, resulte aterrador incluso en espacios abiertos y luminosos. Aterrorizarnos con la oscuridad es fácil; hacerlo a plena luz está al alcance de muy pocos. Bellaire, por su parte, consolida atmósferas y tiempos con una paleta reconocible al instante. Una sola viñeta basta para saber dónde y cuándo estamos. Su sintonía con Walta es total y eleva el conjunto.
En conclusión, estamos ante un Lemire jugando a ser Lynch… y ganando. Si hubiera que definir la obra, sería algo así como “qué habría pasado si David Lynch hubiera dirigido Expediente X volcando todas sus obsesiones”, mezclado con lo mejor del Lemire indie. En la contraportada se habla de “serie B”, pero esto es un triple A: una superproducción en forma y fondo, y una de las series de misterio más interesantes del momento. Los fallos del primer tramo se han refinado, todo lo mejorable se ha mejorado, las tramas avanzan hacia algo grande y gráficamente es un escándalo. ¿La única pega? La lentitud de publicación en USA, que arrastra inevitablemente la edición en castellano. Pero si eso es lo peor que podemos decir, vamos muy bien. Tras el cliffhanger final, solo puedo decir que estoy deseando leer la continuación y traer la reseña correspondiente.

Sobre la edición de Carretera fantasma 2
Astiberri edita este Carretera fantasma 2 en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras una galería de portadas alternativas.

Carretera fantasma 2
Edita: Astiberri Ediciones.
Lanzamiento: 5 septiembre 2024
Editorial original: Image Comics.
Contiene: Phantom Road Vol.2
Autor/es: Gabriel Hernández Walta, Jeff Lemire, Jordie Bellaire, Steve Wands,
Traducción: Santiago García.
Formato: Cartoné
Tamaño: 17×26 cm.
Páginas: 136 pags.
Interior: Color.
ISBN: 978-84-10332-03-4
Precio: 18,00€



