Grant Morrison y Steve Yeowell crearon Zenith en 1987, una obra que se anticipa a muchas de las temáticas que el guionista exploraría a lo largo de su carrera; psicodelia, superhéroes y una crítica mordaz a la sociedad de su época.

Un superhéroe Punk y su singular visión crítica de los 80
Hay argumentos cargados tanto de promesas como de peligros, y la propuesta de Zenith, primer superhéroe al uso de la mítica revista británica 2000 A.D., responde a ese patrón. El hijo de dos antiguos miembros de un grupo sesentero de superhéroes, dedicado a procrastinar y ser una estrella de rock, debe, a su pesar, enfrentarse a un arcano dios interdimensional reencarnado en el gemelo de un antiguo superhéroe nazi. Un punto de partida cínico y, a su retorcida manera, realista que tiene intersecciones obvias (el uso del famoso Tigre, Tigre de William Blake tampoco es que sea muy sutil) con las obras contemporáneas de Alan Moore. La sensación que flota sobre toda la primera parte de estar leyendo un Miracleman punk y la de ser el negativo irónico de Watchmen en la segunda, está siempre presente.
No obstante, Zenith encuentra su singularidad precisamente en ese fluido territorio que es la mente de su guionista: Grant Morrison. Un autor al que poco le afectan las comparaciones y que está dispuesto a todo para llevar su crítica afilada y mordaz sobre la mediocridad generalizada de los años ochenta hasta el límite. Aunque tenga que asumir para ello planteamientos muy arriesgados para la época, pero tan precisos, que se han repetido desde entonces hasta la saciedad. No es baladí que Zenith sea una estrella del pop (en una década en la que en el Reino Unido hasta las celebridades menos previsibles, como los futbolistas, sacaban discos) o que la derecha conservadora sea parte del problema.

Una anomalía en el género superheroico
Solo refleja el zeitgeist de la época. Dividido en cuatro fases (de las cuales este tomo contiene las dos primeras y varios interludios), Zenith tiene una concepción anómala dentro del género de superhéroes. Es una obra cerrada cuyas ideas de largo alcance se ven diseminadas en breves capítulos semanales. Esta grata anomalía sirve a Morrison para tejer su mundo mediante detalles, apartando al lector de largas diatribas sobre un mundo parecido, pero muy diferente, al nuestro. Un buscado menosprecio a la rígida observación exhaustiva que el cómic agradece, haciéndolo más sencillo y certero al centrar sus dardos. Aquí, el protagonismo lo tiene un héroe singular al que le deben de dar una razón convincente para dejar de grabar un vídeo musical.
¿Cuándo? Justo antes de enfrentarse a un superhombre nazi. Esta actitud propone un extraño cruce genérico entre la desidia lúdica de los ochenta y el miedo cósmico. Como si Lovecraft escribiera las canciones de Culture Club. Todo ello, además, sin prescindir de las manidas escenas de entrenamiento y añadiendo a la ecuación un sorprendente (para la época) sacrificio que impacta por lo inesperado. Si la primera fase es la de presentación, la segunda es la de profundizar en los orígenes. Contada de tal manera que, a veces, Zenith se convierte en un secundario de los villanos. Esta fase dos sirve como implacable réplica al recurrente tropo de los intrincados planes de dominación mundial como epítomes de la maldad.

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Un enfrentamiento intelectual y visual: Yeowell y Morrison en su mejor forma
Si en la mayoría de los casos el genio maléfico es un elegante y altruista «Ozymandias«, aquí la némesis definitiva es un trasunto del magnate más hortera y atrabiliario de la época: Richard Branson. La versión británica y aventurera del billonario pagado de sí mismo. Divertida y precisa en su tono, esta fase dos tiene su punto álgido en su sorprendente final. Una certera conclusión, donde, después de una larga y dura batalla familiar, su enfrentamiento contra el villano final se soluciona con argumentos, no con puños. Valiente, hilarante y demoledor. Si Morrison tiene las ideas, Steve Yeowell tiene el talento para sostener la atmósfera necesaria en todo momento. A su capacidad para diseñar personajes y situaciones se une su gran narrativa y el uso masivo del negro para delimitar los personajes.
Yeowell, muy alejado de los histrionismos de sus contemporáneos, parece estar cómodo, de igual forma, tanto en los momentos urbanos como en los lovecraftianos de los dioses multiangulados. Su apuesta por la economía de trazos y su tinta expansiva mantienen siempre el foco en los sentimientos de los personajes. Además de su excelente labor de adaptar, como un traje a medida, los atrevidos preceptos de su guionista a imágenes. En definitiva, una magnífica obra temprana de uno de los guionistas más influyentes en el género de superhéroes. Un cómic que contiene en su interior muchos de los hilos conductores de sus siguientes trabajos y muchos de los temas recurrentes del género, posteriormente copiados hasta la saciedad. Pero también, un cómic extraordinariamente entretenido.

Sobre la edición de Zenith
Dolmen Editorial lanza este primer volumen de Zenith en un tomo de tapa dura sin sobrecubierta. En su interior, se ofrece un papel de alta calidad y una reproducción gráfica impecable. Como extras, el tomo incluye una introducción y un interesante artículo de Sergio Aguirre sobre el horror lovecraftiano y su relación con el género superheroico. Además, se presenta una galería de portadas y bocetos de Steve Yeowell, lo que añade un toque extra de valor para los fanáticos y coleccionistas.

ZENITH vol. 1
Edita: Dolmen editorial
Lanzamiento: Noviembre 2024
Autor/es: Grant Morrison, Steve Yeowell
Formato: Cartoné
Tamaño: 20×28 cm
Páginas: 232 pags
Interior: Blanco y negro con algunas páginas en color
ISBN: 978-84-10031-41-8
Precio: 32,90€


