Hablamos de Batman: La Broma Asesina, el cómic que convirtió la locura en una obra de arte. La legendaria obra de Alan Moore y Brian Bolland que retrata el origen del Joker.
Batman: La Broma Asesina, un clásico por el que no pasa el tiempo
Lo creáis o no hubo un tiempo en el que Batman: La Broma Asesina era un codiciado objeto de coleccionista entre los seguidores del caballero oscuro. Una obra envuelta en un halo de culto absoluto —que obtuvo casi desde el momento de su primera edición— prácticamente inencontrable y sujeta a los precios —por lo general excesivos— de las tiendas de cómics de segunda mano. Aún recuerdo encontré una copia —de la editorial Vid para más señas— en una de mis visitas dominicales al rastro de la madrileña puerta de Toledo. Fue tal el shock que inmediatamente regresé a casa para leérmela sin pensármelo dos veces en un viaje en metro que se me hizo eterno. O bueno, al menos interminablemente más largo que la ida.
La lectura de aquella grapa marcó de una u otra forma —giros fraseológicos del cono sur mediante— lo que era y sería para mí el noveno arte ampliando mi —por aquel entonces bastante limitada— visión del medio de una manera considerable. Ese fue el inicio de una relación de absoluta devoción con Alan Moore. Devoción que permanece hasta la actualidad y que no hizo más que crecer según iba descubriendo obras del escritor británico. Al acercarme a la —digámoslo, ridículamente enésima— reedición de esta icónica obra, he vuelto a disfrutarla como en aquel domingo de hace más de un cuarto de siglo. Da igual los —miles de— cómics que haya leído por el camino o el —lógico— cambio de gustos que haya podido desarrollar.

Alan Moore, incluso de encargo, dando genialidades
Da igual lo desconectado que pueda estar del personaje y su actualidad o el peso que la nostalgia tiene a la hora de abordar esta reseña, Batman: La Broma Asesina sigue siendo una obra maestra y uno de los mejores orígenes jamás plasmados en un cómic para un personaje. Editada en 1988 en un momento de agotamiento de Alan Moore —justo acababa de finalizar Watchmen— La broma asesina era el tercero —y último— de un tríptico de encargos superheroicos ordenados por DC. El primero de ellos en torno al personaje del Vigilante y los dos siguientes con Batman como reclamo —esa era la intención de DC, no palabras mías— para el lector. Uno de ellos un anual curioso, pero no especialmente memorable, protagonizado por Clayface .
El otro, la obra que nos ocupa hoy: Killing Joke. Una obra que se vertebraba sobre conceptos tan aparentemente simples como darle un origen al personaje del Joker y una nueva vuelta de tuerca a su relación con el hombre murciélago. Pero con Moore no hay nada simple. ¿Verdad? Antes de entrar a destripar la obra, hablemos de su dibujante, el genial Brian Bolland. Autor curtido en el mercado británico donde presto sus prodigiosos lápices a cabeceras como Juez dredd o 2000 AD entre otros. Dueño de un estilo detallado y de corte realista, dio el salto al mercado usa —la famosa invasión británica— en los ochenta hacia DC donde encontró su sitio.

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Un murciélago entra a un psiquiátrico…
Primero como historietista —con Camelot 3000 como obra más emblemática— y después como portadista o dibujante para historias, por lo general no muy extensas. Y es que Bolland siempre ha sido uno de esos dibujantes tan lentos desarrollando su arte que no ha podido seguir las agotadoras fechas del mercado USA. Su trabajo en La Broma Asesina es un golpe sobre la mesa y una de las obras de aquella década con un acabado más redondo. Un regalo para la vista que página tras páginas consigue un más difícil todavía, lleno de fuerza gráfica. En las últimas ediciones, el propio Bolland ha recoloreado la obra el mismo, prescindiendo de los colores originales. Algo que en su momento suscitó gran polémica, pero en lo que no voy a entrar.
Y ahora sí, vamos a lo magro. Sin querer destripar demasiado de la trama —algo que sería imperdonable para los que aún no sepan nada de esta obra— podemos apuntar a que La broma Asesina se divide en dos líneas temporales. En la primera de ellas asistimos a la caída en desgracia —y de un modo bastante trágico— del hombre que se acabaría convirtiendo en el Joker. Esta trama es introducida mediante analepsis en blanco y negro que desde el primer momento anticipan una fatalidad que no tarda en llegar y en legitimar uno de los leitmotiv de esta obra: Todos —sin distinción— estamos a un mail día de acabar en la locura.

Blanco y Negro
Dotar de este origen trágico al personaje no solo no le restó misterio o carisma. De hecho apuntó a la verdad terrorífica de que todos estamos viviendo al borde de un abismo que separa nuestra cordura de nuestra insania. Algo que en el personaje del Joker se cristalizó conformando a uno de los psicópatas más peligrosos del universo DC. En el caso de Bruce Wayne convirtiéndolo en un sociopata vestido de murciélago que lleva el vigilantismo a un límite peligroso. En ambos casos, el disparadero es una pérdida familiar importante, los padres, por un lado, la esposa por el otro. Esto acerca intencionalmente a los personajes.
No estamos ante dos caras de una moneda, ni contra una representación de la Ying y del Yang. Algo que sutilmente nos dejaba ver la conclusión de La Broma asesina de la que hablaré en la conclusión de la reseña. Pero sigamos con la segunda trama de esta obra. Trama presenta una persecución en la que un Batman fuera de sus casillas va a la caza de un Joker que acaba de disparar —y dejar parapléjica— a Bárbara Gordon y secuestrar al padre de esta. Una persecución con aire de viaje a un final fatal en el que quizás uno de los dos personajes —o ambos— acaben muertos.

Una caída al vacío para dos
Esta caída a un vacío de los personajes se acompaña de un cambio de escenario radica y un sutil cambio en narrativa y color. La tragedia está a punto de ocurrir, pero el guionista da un respiro a los personajes y a nosotros como lector con una conclusión demoledora. El final de la obra —discutido hasta el día de hoy cíclicamente cada pocos meses en foros y redes sociales— mostraba a los personajes en un alarde momentáneo de lucidez que les produce una risa histérica e imparable. Una carcajada compartida y envenenada por percibir desde fuera y de manera clara cristalina —quizás por primera vez en sus vidas— lo absurdo de su relación.
Del sinsentido de sus propias acciones a lo largo de los años. De lo tóxica que es su relación. Un cierre redondo para un trabajo inmejorable. Trabajo que, si bien no es recordado por el propio Moore con demasiado cariño, ha encontrado su lugar como obra de culto entre los fans de una manera casi unánime. Y por algo será. Si no la has leído, te animo a que lo hagas en cualquiera de las ediciones que se pueden encontrar actualmente en el mercado. No estamos ante un cómic de Batman imprescindible. Estamos ante un cómic imprescindible a secas.

Sobre la edición de La broma asesina
Ecc comics publica esta edición de La broma asesina en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas dentro de su línea Grandes novelas gráficas. En el interior papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras incluye un prólogo de Tim Sale y un epílogo de Brian Bolland. También tendremos una historia corta con guion y dibujo de Bolland así como una galería de bocetos y sketches. Cierra el volumen unas breves biografías de los autores.

Batman: La Broma Asesina (Grandes Novelas Gráficas de Batman)
Edita: Ecc ediciones
Lanzamiento: Enero 2024
Editorial original: DC Comics
Incluye: Batman: The Killing Joke USA
Autor/es: Alan Moore. Brian Bolland
Formato: Cartoné
Tamaño: 17×26 cm.
Páginas: 64 pags.
Interior: Color
ISBN: 978-84-19972-87-3
Precio: 15,00 €



