En Buena gente, nadie lo es. Una sátira feroz ambientada en una España rural tan reconocible como espeluznante, firmada por el historietista Isaac Sánchez
La misma semana en que conocíamos la muerte de Mariano Ozores empezaba esta reseña con el eco de la que quizá sea su película más atípica: La hora incógnita (1963). Un pueblo clausurado, una amenaza invisible y una galería de personajes enfrentados a lo que son cuando no queda escapatoria. No es exactamente lo mismo, pero Buena Gente de Isaac Sánchez parece beber de ese mismo pozo envenenado. Aquí también hay un detonante abstracto —una fortuna prometida a la mejor persona del lugar— que encierra al pueblo en una mascarada progresivamente asfixiante. Y cuando el escenario se cierra, cuando la presión sube… lo grotesco brota. Como en el filme arriba citado, el marco costumbrista se vuelve teatral y cada rincón del alma se expone. No importa tanto el premio o la amenaza: lo esencial es que la fachada se resquebraje. Y lo hace. El motor del relato es el encierro moral, esa grieta, y finalmente la caída de la máscara.

El escenario perfecto para sacar las máscaras.. y lo peor que llevamos dentro
Isaac Sánchez irrumpió en el cómic español hace años con El regreso del hombre pez, donde exploraba lo legendario y lo personal con un trazo reflexivo; luego firmó El don, inmersión en lo folclórico, y Baños Pleamar, retrato profundamente íntimo y personal. Con cada obra su estilo gráfico se ha ido puliendo, ganando fuerza y personalidad. Buena Gente es, de momento, su obra de mayor potencia visual: un realismo meticuloso que incorpora una leve exageración de rasgos para amplificar el impacto viñeta a viñeta. Esta fusión de lo reconocible y lo expresivo, realzada por la paleta de Tania García, marca un hito en su evolución. Su estilo resulta totalmente reconocible desde la primera viñeta, reafirmando que es un autor con voz propia. Sánchez demuestra una seguridad inamovible en este terreno. Temáticamente, pivota hacia la radiografía del ser humano, capaz no solo de diseccionar un pueblo y sus habitantes, sino también de retratar el pulso de toda una época.

Un arte que retrata la podredumbre con mano maestra
La estructura formal de Buena Gente mantiene una distribución clásica en su puesta en escena, mientras desliza atmósferas costumbristas que, viñeta a viñeta, se van pudriendo bajo la tensión de la trama. La paleta, apagada y polvorienta como los años sesenta en España, refuerza la sensación de época y la opresión creciente. Cada plano es un cuadro detallista: los personajes proyectan su psicología en gestos milimétricamente exagerados; el pueblo adquiere entidad propia, un personaje más atrapado entre callejones y plazas. El resultado, limpio, pero resuelto, alterna escenas corales y primeros planos que sostienen el tempo narrativo, prolongando la incertidumbre hasta el explosivo final. El tono satírico, casi enfermizo, invade a los vecinos —incluso quienes inicialmente principio parecían inmunes— y mantiene la tensión en cada página. Esa tensión, ya garantizada por la premisa, se refuerza con puntos de fuga visuales y narrativo que inducen claustrofobia. El resultado, una lectura que atrapa y aprieta, anticipando el desenlace sin desvelarlo.

Risas que duelen y una sociedad que tristemente no ha cambiado nada
Buena Gente remueve como lector: el breve destello de empatía que crees sentir se quiebra al primer cruce de miradas, y comprendes que esas máscaras de cortesía escondían miseria y ambición. El concepto de “regalo envenenado” alcanza aquí su máxima potencia: quien planta la semilla del premio, ausente y tranquilo, sabe que será testigo de la podredumbre humana inevitable. La obra, profundamente castiza en su microcosmos rural, exhibe, sin embargo, un carácter universal: la codicia, el miedo y el ansia de aprobación siguen siendo moneda corriente cuando el escenario se estrecha. Hoy, ejemplos de esa conducta los encontramos en titulares, redes y telediarios, lo que vuelve la sátira aún más actual. Esta lectura deja poso: la reflexión sobre cómo reaccionamos ante lo imposible, sobre la caída de la máscara colectiva, pervive mucho después de cerrar el tomo. Ya estoy deseando ver cuál será la próxima obra de Isaac Sánchez.

Sobre la edición de Buena gente
Dolmen editorial edita Buena gente en un volumen de tapa dura sin sobrecubierta. En el interior, papel –mate– y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras un artículo de Asier Mensuro que sirve a modo de prólogo. Ya en la parte final notas del propio historietista, donde acompaña bocetos y páginas de textos en los que nos explica su intención a la hora de crear la obra. También se incluye una galería de portadas alternativas a cargo de diferentes artistas –y vaya nombres– que cierran con un broche de oro el tomo.

BUENA GENTE
Edita: Dolmen Editorial
Lanzamiento: 03-04-2025
Autor/es: Isaac Sánchez
Formato: Cartoné
Tamaño: 190 x 270 mm.
Páginas: 112 pags.
Interior: Color.
ISBN: 978-84-10390-95-9
Precio: 19,95€



