Marc-Antoine Mathieu vuelve a tensar con Deep Me los límites del medio con un experimento tan radical como estimulante y retador para el lector.
Antes de hablar de Deep me, un poco de contexto necesario. Desde siempre han aparecido tebeos que ponen delante de nosotros las infinitas posibilidades formales de las que goza el noveno arte. Y, sobre todo, la incomparable ausencia de límites en su creación, formato y desarrollo, tanto literario como gráfico. Porque… ¿Qué es un cómic? ¿Pueden unas simples fichas, representadas cenitalmente, sustituir a los personajes en El Color de las Cosas de Martin Panchaud?. ¿Unos simples monigotes esquemáticos sirven para contar historias del Oeste como en las de Calpurnio en El Gran Libro del Cuttlas?
¿Puede el mimetismo extremo del arte de otros creadores crear una historia coherente y diferente como en Las Aventuras de Joselito de José Pablo García? Todos estos ejemplos ponen de manifiesto la ductilidad del medio, al tiempo que, como exploradores del noveno arte, invitan al lector a forzar sus límites luchando con su percepción de lo que es un cómic, tensando su racionalidad, su capacidad de abstracción, y por qué no decirlo, batallando contra su rechazo. Un conflicto al que no es ajeno Marc-Antoine Mathieu, como pudimos comprobar en sus anteriores tebeos publicados en España y que en este cómic fuerza hasta límites insospechados.

Pensar en negro, imaginar en blanco
Tanto como para plantearnos si gastarse 25 euros en este cómic, mayormente con las páginas en negro, es un acto de fe, un acierto o simplemente el típico artefacto epatante destinado solo a los críticos. Deep Me, presenta casi dos cómics en uno, muy desiguales en su concepto. En el primero, donde tendremos que afrontar una narración sin dibujos, se nos presenta un enigma de difícil resolución. Un tal Adán, del que desconocemos todo, parece estar atrapado en su cuerpo. En sus vigilias conscientes solo puede pensar y oír. Y especular sobre su ser y condición humana. Todo a través solo de los fragmentos de realidad difusa que percibe. Una situación que a la que el lector deberá enfrentarse, además, desde su punto de vista.
Un ejercicio de estilo radical en el que a través de cajas negras, donde únicamente aparecen los pensamientos de Adán, además de los inconexos y fragmentarios diálogos del exterior, avanza el tebeo con ausencia total de dibujos. Entre tanta trascendencia, para algunos, fútil y cercana a la tomadura de pelo, para otros, de exquisito riesgo formal y pureza conceptual, se agradece observar como forzando los códigos del cómic a través de los aspectos técnicos de la narración, a saber: el orden, el diseño de las viñetas, las elipsis o las onomatopeyas somos capaces, como lectores, de “dibujar” en nuestra mente en la negrura absoluta.

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Más que cómic: experimento formal extremo
En la segunda parte, el relato se detiene en explicar las dudas propuestas en la oscuridad anterior. Y lo hace con un giro tan radical que desconcierta sobremanera al lector. Aquí predomina el blanco, las ilustraciones y, sobre todo, las respuestas. Después de haber guiado al lector sobre cuestiones metafísicas cartesianas, ahora tocaba responderlas. El problema viene de lo satisfactorias de estas y del contraste. Confrontando nuestras elucubraciones sobre la situación de Adán que surgen en nuestro interior sobre lo que le ha pasado y su concepción limitada del mundo, esta parte nos abruma con unas conclusiones totalmente alejadas de lo que hubiéramos imaginado.
Un cambio de sentido de 180 grados que puede aturdir. Es curioso pensar que esta disonancia formal con lo anterior es lo que, quizá, a algunos pueda enervar más, pero que a otros pueda satisfacer. Que sea esta la parte donde lo fácil de entender y asimilar la que esté peor resuelta o sea menos satisfactoria, no por mal ejecutada, sino por traicionar todos los códigos que nos han traído hasta aquí. O simplemente, que preferimos lo complejo, a riesgo de que nos tomen el pelo, antes de que nos guíen de la mano de manera clara y convencional. Cada uno tendrá que sacar sus propias conclusiones de este experimento. Pero sin duda, estamos ante un camino que merece la pena recorrer.

Sobre la edición de Deep me
Penguin España edita Deep me en un tomo de tapa dura a través de su sello Salamandra Graphic. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. No contiene extras. También se edita una edición en formato digital a precio reducido para los amantes de los formatos no físicos.

Deep me
Edita: Salamandra Graphic
Lanzamiento: 05-09-2024
Editorial original: Delcourt
Contiene: Deep Me Vol.1 (2022)
Autor/es: Marc Antoine Mathieu
Formato: Tapa dura
Tamaño: 21 x 29,3 cm.
Páginas: 120 pags.
Interior: Blanco y negro
ISBN: 978-84-19409-12-6
Precio: 26,95€
Precio edición digital: 16,95€



