Hablamos de El fotógrafo de Mauthausen, un demoledor álbum que narra el tránsito Francisco Boix por el temible campo de concentración austriaco.

Francisco Boix. El horror a través de un gran angular.
El 27 de enero de 1941, el catalán Francisco Boix, de tan solo 20 años de edad, atraviesa la entrada coronada por el águila hitleriana del campo de concentración de Mauthausen, situado en la alta Austria. Mauthausen fue un campo de trabajo y exterminio clasificado con la categoría 3 y destinado para “los incorregibles o irrecuperables”. Principalmente prisioneros políticos, como el joven Boix, condenados a ser exterminados, a través del trabajo, sobrepasando los límites de la resistencia humana. Hechos que se relatan de primera mano en El fotógrafo de Mauthausen.
Hijo de un sastre de ideas izquierdistas, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña, fotógrafo profesional y superviviente del horror nazi, Boix se nos presenta en esta obra de carácter biográfico como los ojos de Mauthausen. Y también como la voz decisiva que sirvió para llevar a la horca, con sus deposiciones en el Tribunal Internacional de Justicia de Núremberg, a jerarcas del régimen alemán, como al abogado y general de las SS, Ernst Kaltenbrunner. Boix fue testigo forzoso del horror sin palabras que devastó Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

El fotógrafo de Mauthausen. La historia de Francesc Boix y sus camaradas. Un viaje al holocausto
Francisco Boix es un joven y hábil fotógrafo español. Alto, delgado, de pelo castaño, cara afable y mirada risueña. Alistado en el bando republicano durante la Guerra Civil Española, tras el fin del conflicto y la consiguiente victoria franquista se ve condenado al exilio en Francia. Y cómo otros miles de españoles, destinado a los campos de internamiento franceses, donde las condiciones de vida eran penosas y humillantes. Tras una peregrinación por los campos de Vernet D’Ariege y Septfonds, Boix ha de unirse a una de las Compañías de Trabajadores Extranjeros adscritas al ejército de Francia. Vestido con el uniforme francés, fue atrapado por los alemanes e internado en los Stalags de la Wehrmarcht como prisionero de guerra y donde el trato, según nos revela el propio Francisco, fue mejor que en los campos franceses.
Finalmente, es deportado a Mauthausen donde comienza su viaje al infierno nazi bajo el número de registro 5185. Su talento innato para los idiomas y su conocimiento del arte fotográfico le otorgó la calidad de Prominenten o privilegiado dentro del campo. Gracias a ello ocupó un puesto de responsabilidad en el Erkennungsdienst –servicio de identificación de prisioneros del campo– donde se ganó la confianza de su jefe, Paul Rieken. Un macabro profesor de enseñanza media obsesionado con inmortalizar la muerte a través de la fotografía. La astucia y valentía de Francesc le llevaron a urdir un plan con la colaboración de otros prisioneros españoles que culmina con la evasión, gracias a los jovencísimos Poschacher. Y es crucial en la custodia, con la ayuda de Anna Pointner, de unos negativos que serán testimonio gráfico de las atrocidades cometidas en el campo de concentración austríaco.

La vida dentro de una pesadilla, sobrevivir en Mauthausen.
La voz del protagonista, en forma de narración en primera persona y como si le escribiese una carta a su hermana Nuria, nos introduce en la escalofriante historia del personaje. Corre el año 1948 y Francisco se retrotrae a modo flashback para contarnos su experiencia en Mauthausen. Un tránsito que retuvo a Boix desde 1941 a 1945 en mitad del horror más absoluto. Casi cinco años en los el que tuvo que adaptarse a las dinámicas infames que dominaron estos campos. Un día a día, regido por el miedo a unos carceleros deshumanizados para los que el valor de la vida era ínfimo. Y cómo, pese a todo, la vida busca un sentido dentro de la atrocidad y lo encuentra.
Con un tono entre lo cinematográfico y lo novelesco somos testigos silenciosos del devenir de un grupo de prisioneros. Supervivientes cuyo único valor es la compañía de sus compañeros de barranco. La obra relata también episodios de Boix una vez se produjo la liberación del campo. Su retorno a la vida civil y su estancia en Francia, donde pretende retomar una vida que le fue interrumpida. Un testimonio basado en una historia real que corrobora el tópico de que la realidad supera siempre a la ficción. Una historia llena de valentía que debería servir como ejemplo, y más en una época convulsa como la actual, de los resultados de ciertos excesos.

Historia y realidad ficcionadas caminan juntas de la mano de Salva Rubio para recrear la vida del fotógrafo español
Salva Rubio, historiador e historietista, realiza para El Fotografo de Mauthausen un trabajo extraordinariamente equilibrado donde los roles de historiador y guionista se funden hasta conseguir un resultado que hace las delicias del amante por el relato histórico sin, en absoluto, decepcionar a los más apasionados por la ficción. El hilo conductor de la narración se centra en la historia de Francisco Boix, desde su exilio en Francia, tras la guerra civil española. Un relato extraordinario que ha tenido que ser recuperado de los anaqueles de la Historia y trasladado al noveno arte para empezar a ser reivindicado.
Rubio construye un guion extraordinariamente bien documentado y contrastado con la verdadera historia de Boix. Una historia fascinante por sí misma y a la que el escritor añade anécdotas ficticias. Pequeñas historias que bien pudieran ser auténticas, con guiños constantes al conocido carácter extrovertido y seductor de Boix y a su consabida inteligencia, aportando frescura y gracia al texto sin perder su veracidad. Estas pequeñas anécdotas no solo representan a Boix sino a las decenas de miles de prisioneros de Mauthausen. A todas aquellas voces que fueron acalladas por la barbarie nazi y no pudieron contarlo.

Pedro J. Colombo traslada la atrocidad a viñetas con líneas limpias de una sensibilidad exquisita
Las ilustraciones de Pedro J. Colombo encajan a la perfección con el guion, el dibujante con su lápiz es igualmente fiel a la realidad histórica. Retrata a un Boix de rostro aniñado, sonriente, de mirada pícara que desborda simpatía. La misma simpatía y picardía que reflejan las fotografías que se conservan de él. A lo largo del álbum reproduce de forma casi radiográfica las famosas y espeluznantes instantáneas disparadas por su cámara Leica. Testimonios sin igual del Holocausto a los que no les hace falta ninguna palabra. Colombo con sus dibujos consigue evocar los mismos sentimientos que las fotografías originales.
Sin embargo, los trazos simples y elegantes de las figuras de las víctimas, preservan su anonimato y lo hacen más amable al lector sin por ello restar crudeza a la imagen. Colombo adjunta cuatro páginas dobles en blanco y negro, reproducciones fieles y bellas de las fotografías más conocidas de Boix. En ellas se esconde la quintaesencia del horror de Mauthausen en toda su crudeza. Un relato al que no le hacen falta palabras para estremecer a un lector que sabe que aquello que está presenciando no es ficción. Algo que se trasluce tanto en estas páginas como en todo el exhaustivo trabajo de documentación.

Conclusiones y cierre
Y no solo en unos escenarios casi calcos de fotografías, sino en los rasgos del propio Boix y todos los personajes. Aun sin ser un dibujo realista al 100% el dibujante captura la esencia de todos ellos a la perfección. Cabe destacar la labor a los colores de Aintzane Landa. Quien dota de personalidad propia a la obra con una acertada gama de colores fríos en tonos pastel. Un trabajo magistral. El Fotógrafo de Mauthausen supera el objetivo del entretenimiento convirtiéndose en una hermosa forma de difusión de la historia de miles de españoles que se vieron implicados en el conflicto internacional de la Segunda Guerra Mundial.
Un hecho que tuvo lugar a pesar de la neutralidad oficial española con la alianza franco-hitleriana. Es además un merecido homenaje a todos aquellos héroes como Francisco, que hasta hace poco habían permanecido ocultos. Rescatarlos del olvido e intentar rellenar la gran laguna histórica de lo que fue el Holocausto español es un reto que los autores consiguen alcanzar. Actualmente, puede conseguirse El fotógrafo de Mauthausen en una magnífica edición publicada por Norma editorial, que tiene una buena cantidad de extras que ayudan a dar contexto a la propia obra. Un remate magnificó para una obra imprescindible.


EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN
Autores: Salva Rubio, Pedro J. Colombo, Aintzane Landa
Colección: CÓMIC EUROPEO
Serie: EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN
Formato: Cartoné
Tamaño: 23 x 31
Páginas: 168
ISBN: 978-84-679-3074-0
Precio: 27,00 €
EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN
NUESTRA NOTA - 85%
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Justicia Histórica
Una obra que ajusta cuentas con un pasado reciente y doloroso a través de la experiencia heroica de Francisco Boix en su paso por el campo de concentración de Mauthausen. Salva Rubio y Pedro J Colombo firman un álbum tan demoledor como necesario en el que no se intenta dulcificar el horror bajo la apariencia amable del dibujo. Obra de imprescindible lectura.



Excelente análisis de una triste temática que es imprescindible conocer y recordar
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