Hablamos del tomo Hellhunters: cazadores infernales, un festival de pulp bélico infernal en el que PKJ mezcla nazis demoníacos, Ghost Riders kamikaze y héroes Marvel desquiciados con una épica tan absurda como gloriosamente autoconsciente.
Mientras el sargento Sal Romero se lanza en paracaídas sobre la Europa ocupada por los nazis, el sádico oficial alemán Felix Bruckner se convierte en el anfitrión de un mal indescriptible. Tras su violento encuentro, Romero renace como el Motorista Fantasma de 1944. No sólo se propone vengarse de Bruckner y los nazis. También salvar a la humanidad de la aniquilación junto a un elenco estelar de los héroes más rudos de Marvel. Esa es la carta de presentación oficial de Hellhunters: cazadores infernales. Una miniserie que abraza el pulp bélico con entusiasmo inflamable y que convierte cada página en un festival de excesos deliciosamente conscientes. Es Marvel diciendo “¿y si hacemos un Ghost Rider en plena Segunda Guerra Mundial?” y respondiéndose a sí misma con un “pues claro que sí, faltaría más”.
Pero si no sabéis quién es Sal Romero —aparte de un Espíritu de la Venganza con nombre de aliño de ensalada— es porque aún no habéis leído la magnífica etapa de Philip Kennedy Johnson al frente de El Increíble Hulk. Y aunque debuta este mes en librerías especializadas, el primer tomo español sólo llega hasta el número cinco, uno antes de su explosivo debut. Es un pequeño desfase de tempo editorial, de esos que recuerdan a cuando te sirven el postre antes del primer plato. Delicioso, sí, pero inesperado. Un debut que no sólo le valió —por clamor popular— varias apariciones posteriores, sino también el cariño instantáneo de los lectores. Y finalmente, esta miniserie de origen que es un delirio pulp de primer nivel en el que absolutamente todo vale. Y cuando digo todo, creedme: todo.

Cuando Marvel decide hacer un Ghost Rider en la Segunda Guerra Mundial
Hellhunters es un delirio pulp que no solo abraza el exceso, lo besa en la boca y lo invita a pasar la noche. PKJ construye una historia que parece escrita tras mezclar gasolina, café y un recopilatorio de cómics de los 90. Eso sí, lo hace con una autoconsciencia deliciosa. Aquí hay soldados zombis nazis cantando Erika mientras masacran aliados, un Sal Romero que usa una Harley en llamas porque por supuesto que sí, y un momento sublime en el que convierte un avión militar del tamaño de un Boeing en un cohete de la venganza. Es un cómic que sabe que es una locura, que quiere ser una locura y disfruta siendo una locura. Y lo mejor es que, –Lifeld va por ti– aquí el exceso es voluntario. Ni el Ghost Rider de un millón de años antes de Cristo –el del mamu llameante– se habría atrevido a tanto.
Lo sorprendente es que, bajo toda esta pirotecnia, PKJ construye un conflicto sólido como un tanque Sherman. La historia es, en esencia, un duelo espiritual entre el Espíritu de la Venganza que posee a Sal Romero y la entidad demoníaca que ha invadido a Felix Bruckner. Bien contra mal, fuego contra hielo, humanidad contra abismo. Y las consecuencias importan. Si los buenos pierden, el desembarco de Normandía se frustra y el mundo entero cae bajo los demonios del hielo. Es pulp, sí, pero es pulp con concecuencias reales, con tensión, con momentos de auténtico terror. La agonía que convierte a Sal en Espíritu de la Venganza es espantosa, y la amenaza demoníaca nunca se siente como un chiste. Es la mezcla perfecta entre espectáculo desatado y conflicto clásico, y funciona sorprendentemente bien.

Nazis demoníacos, aviones infernales y pulp sin frenos
El reparto es un desfile glorioso de personajes desatados. Peggy Carter lidera como si hubiera inventado la guerra, Nick Furia ejerce de madre estricta del grupo, Szardos luce el Ojo de Agamotto como si fuera un accesorio de su subfusil, y Bucky… bueno, Bucky necesita terapia desde 1941. Entre su aficion al tabaco, a hacer collares con orejas de nazis y su tendencia a manipular restos humanos como quien pela pipas, no es de extrañar que luego lo congelaran como Soldado de Invierno. No por espionaje, sino porque el pobre tenía asma bronquial derivada del tabaquismo infantil y se ahogaba subiendo escaleras. Y cuando aparece Lobezno a mitad de serie —porque siempre aparece— y acaba con garras de la venganza, ya no hay vuelta atrás. Es el equivalente narrativo a echar gasolina a un incendio.
Y mientras todo esto ocurre, Adam Gorham está dando una auténtica lección de narrativa visual. Su expresividad es máxima, su diseño de demonios y criaturas es grotesco y fascinante, y su recreación de escenarios bélicos tiene una solidez que ancla todo el delirio en un mundo creíble. Gorham entiende que el pulp no es solo exageración sino ritmo, energía y emoción. Sus páginas fluyen con una naturalidad que hace que la lectura se pase volando, y cada batalla, cada explosión y cada monstruo están compuestos con un mimo que sorprende en una obra tan gamberra. Es un dibujante que se sale de la narrativa clásica cuando quiere, que sabe cuándo romper la página y cuándo contenerse, y que convierte Hellhunters: cazadores infernales en una tormenta perfecta de estilo, caos y diversión.

Sobre la edición de Hellhunters: cazadores infernales
Panini Cómics edita Hellhunters: cazadores infernales en un volumen formato rústica. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras, dos artículos firmados por David Aliaga, uno como introducción y otro como epílogo.

Hellhunters: cazadores infernales
Edita: Panini cómics
Editorial Original: Marvel Comics
Autor/es: Philip Kennedy Johnson, Adam Gorham, Frank Martin, Travis Lanham,
Fecha de lanzamiento: 19 feb 2026
Idioma: Español.
Páginas: 120 pags.
Tamaño: 17×26 cm.
Contiene: Hellhunters 1-5
Formato: Rústica.
Interior: Color.
ISBN: 9791370131203
Precio: 16,50€



