Hablamos del tomo Ultimate Wolverine 4, clímax absoluto, decisiones irreversibles y una serie que arrasa sin red de seguridad mientras redefine el riesgo en el nuevo Universo Ultimate.
Con un crescendo narrativo imparable que alcanza su punto álgido en Ultimate Wolverine 4, la colección se consolida como una de las propuestas más estimulantes de la Marvel moderna. No hablo solo del nuevo universo Ultimate —donde, por gustos personales, solo podría ser superada por la aclamadísima Ultimate Spider-Man de Hickman— sino de Marvel en general. Chris Condon está arriesgando modal y formalmente mucho más que Hickman, llevando a Logan a territorios pocas veces explorados y arrastrando con él a medio universo mutante y a todo un continente. La República Euroasiática, gobernada con puño de acero —orgánico, en el caso de Coloso— por la familia Rasputin. El resultado es una serie ambiciosa que ha sabido estar a la altura de sus propias expectativas. Esta reinterpretación, que empezó con el freno de mano echado, se ha convertido en un torrente de adrenalina, sangre y consecuencias reales.
El tomo abre con una conversación entre Victor Creed —Dientes de Sable— y Logan, una escena íntima que subvierte décadas de antagonismo sin traicionarlas. Es un momento que toca la fibra del lector veterano, porque muestra un vínculo inesperado entre dos figuras históricamente irreconciliables. Hablan del próximo paso en una guerra prácticamente perdida contra el imperio de los Rasputin, y la secuencia funciona como un espacio de calma antes de la tempestad. Se nos presenta, a modo de pistola de Chéjov, la “cerebomba”, un arma letal capaz de matar a miles de mutantes y humanos de un solo golpe. Acto seguido asistimos a una incursión brutal en el cuartel oculto de La Oposición, donde los rebeldes ganan… por ahora. Es un respiro calculado, un pequeño triunfo que existe únicamente para que el golpe posterior duela más y prepare al lector para lo inevitable.

Cuando el caos ya no tiene vuelta atrás
Aquí vuelve a quedar claro que Condon no tiene miedo. Puede ser sutil —como en los conatos de rebelión civil contra el régimen Rasputin, una alegoría evidente a la Revolución de Febrero de 1917— o puede lanzar un golpe de efecto devastador. Ese golpe llega en la segunda grapa del tomo, cuando la cerebomba entra en juego y cambia el tablero entero de Ultimate Wolverine 4. Es un spoiler ligero, sí, pero imposible de evitar si queremos hablar de la obra con honestidad crítica. La detonación es un gesto valiente, efectivo y emocionalmente demoledor, que marca el clímax del tomo y abre la puerta a un tramo final —aún publicándose en USA— donde veremos a Logan desatado… y esta vez con razones para arrasar con todo. La grapa 11 es de esas que, en cualquier cabecera no-Ultimate, habría copado titulares, reels y debates encendidos.
El último tercio del tomo sigue a Logan —y al entrañable Centinela Uno, ya un personaje más de la serie— en su búsqueda de la doctora Prostovich, responsable del Directorio X en este universo, equivalente al Proyecto Arma X. Logan quiere encontrar la voz que lleva escuchando en su cabeza desde el inicio de la serie, y esa voz resulta ser Jean Grey, secuestrada hace años y conectada a una macromáquina que usa su mente como arma de control masivo. El rescate es un “hombre solo contra el sistema”, una misión suicida donde Condon no garantiza nada. Pero la victoria llega, in extremis. Jean es liberada —y ver a Jean y Logan juntos, incluso en este contexto distorsionado, es profundamente emotivo— y desata la Fuerza Fénix contra la familia Rasputin en una de las mejores secuencias de toda la colección.

Fénix desatada, esperanza en llamas
La liberación de Jean Grey marca el inicio de la revolución, la popular y la mutante, paralelas pero inevitables. Tras el mazazo de la grapa 11, la Fuerza Fénix funciona como una chispa de esperanza que reconfigura el tono de Ultimate Wolverine 4. Condon demuestra un control absoluto del ritmo, alternando devastación emocional con momentos de catarsis que no se sienten gratuitos. La serie avanza con una velocidad inusual. En solo tres grapas se ha progresado más que en arcos completos de otras cabeceras. Y, aun así, nada parece precipitado. Cada muerte, cada giro y cada revelación tienen peso, eco y consecuencias. En un universo donde nada es sagrado y nadie es imprescindible, la aparición de la Fénix no es un “deus ex machina” facilón. Es la consecuencia lógica de un sistema que ha llevado a sus personajes al límite.
Al cerrar este tomo, la sensación es la de haber vivido un viaje brutal, lleno de vaivenes, pérdidas y revelaciones. Se ha perdido mucho —y a muchos— pero en ese mundo oscuro, bajo las maquinaciones de El Hacedor y la tiranía de los Rasputin, se ha encendido una chispa. Condon está haciendo un trabajo impecable junto a Alex Lins (grapa 10), Bryan Valenza (colorista) y el genial Alessandro Cappuccio (grapas 11 y 12), que desde el primer número ha demostrado una solvencia gráfica extraordinaria. Solo puedo —y lo he dicho en reseñas previas hasta la saciedad— hablar bien de su trabajo. Aquí, simplemente, diré que no baja su propio listón. Nos queda un tramo final incierto, imprevisible, donde no sabemos qué tiene preparado Condon. Pero sí sabemos algo con total certeza: estaremos ahí para leerlo y disfrutarlo.

Sobre la edición de Ultimate Wolverine 4
Panini Cómics edita este Ultimate Wolverine 4 en un tomito formato comic-book con lomo. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras incluye las portadas originales USA y un artículo firmado por Bruno Orive.

Ultimate Wolverine 4
Edita: Panini cómics.
Editorial Original: Marvel Comics.
Autor/es: Chris Condon, Alex Lins, Bryan Valenza, Cory Petit, Alessandro Cappuccio,
Fecha de lanzamiento: 9 abr 2026.
Idioma: Español.
Páginas: 80 pags.
Tamaño: 17×26 cm.
Contiene: Con Ultimate Wolverine 10-12
Formato: Comic-Book con lomo.
Interior: Color.
ISSN: 977308144500800004
Precio: 8,95 €



