Vatican City convierte el corazón del Vaticano en el escenario de una invasión vampírica inolvidable. Analizamos una miniserie del Millarverso con una premisa brillante, un dibujo espectacular… y un final discutible.
Vatican City es un thriller de terror donde la Ciudad del Vaticano –y medio planeta– sufre una invasión masiva de vampiros, quedando aislada del mundo. La trama sigue a Guido y a un grupo de sobrevivientes atrapados dentro de los muros santos luchando por sus vidas mientras descubren un oscuro misterio ancestral de la Iglesia que se esconde en los laberínticos sótanos de los archivos secretos del vaticano. El punto de partida confirma que Mark Millar sigue siendo un rey Midas conceptual imbatible. Sabe perfectamente cómo vender un tebeo con una sola frase promocional y enganchar al público masivo. La idea de mezclar iconografía religiosa, el aislamiento del Estado más pequeño del mundo y una horda de chupasangres hiperactivos es oro puro. El autor escocés nos planta el cebo de forma magistral, prometiendo un Blockbuster literario de proporciones bíblicas.
Acompañando a Guido, un miembro de la Guardia Suiza novato en su catastrófico primer día de trabajo, el cómic arranca como un tiro. Millar abraza sin disimulo el ADN de la saga Resident Evil y nos encierra en una mansión gótica a escala urbana. La claustrofobia funciona de maravilla gracias a una escalada constante de la tensión, pasillos estrechos, sotanos y una alarmante falta de comunicación con el exterior. No sabes en quién confiar y la cúpula eclesiástica apesta a conspiración interna. Durante dos tercios de la miniserie, el ritmo es modélico en su ejecución de survival horror palomitero. El lector avanza entusiasmado por las catacumbas, asimilando con gusto los tropos clásicos del género y esperando un clímax que esté a la altura de semejante asedio militar y espiritual entre los muros de la Santa Sede.

El Vaticano como escenario perfecto para un thriller de terror y supervivencia
Sin embargo, el castillo de naipes se desmorona cuando Millar acelera de forma evidente el desenlace y condensa en muy pocas páginas ideas que habrían necesitado bastante más desarrollo. El gran giro de la historia nos revela a la Madre Suprema de los vampiros, un peligro milenario oculto bajo los cimientos sagrados que ejerce como el indiscutible «Final Boss». Lamentablemente, este titán demoníaco dura menos de diez páginas presente antes de que una secundaria random la vuele por los aires con C4 por un tropiezo fortuito. Es un anticlímax colosal que dinamita cualquier atisbo de lógica dramática. Ver a la mayor amenaza de la humanidad despachada con semejante rapidez resta buena parte del peso dramático que la historia había construido hasta ese momento, transformando la atmósfera de terror maduro en un acto propio de serie B de los años ochenta.
La traca final de las últimas cinco páginas abraza el delirio casi absoluto. Ante el avance de los monstruos, la brillante estrategia de Guido y los suyos es encerrarse en una pequeña ermita y… rezar con fervor. En la página siguiente, un mandatario Ruso sospechosamente parecido a Vladímir Putin decide que la solución óptima es devastar Europa y Estados Unidos con ojivas nucleares. Lo fascinante es que los protagonistas sobreviven al fuego termonuclear global gracias a una explicación que exige al lector un importante ejercicio de suspensión de la incredulidad. La última página nos regala un secarral radiactivo digno de Mad Max, donde los supervivientes contemplan el apocalipsis con un optimismo poco creíble, dispuestos a tirar «palante» como si nada. Un giro tan apresurado que termina desdibujando buena parte del excelente trabajo realizado durante los primeros compases de la miniserie

Un desenlace que divide más de lo que convence
Si tras ese giro de guión la obra no se va directamente al garete es gracias al espectacular trabajo de Per Berg. El dibujante se echa la miniserie a la espalda con un trazo nervioso, dinámico y expresivo que emana un movimiento constante en cada viñeta. Su estilo casual, que evoca la frescura de un boceto a vuelapluma en una libreta, dota al conjunto de una sensación de urgencia e invasión inminente brutal. Berg huye hábilmente del fotorrealismo rígido, pero sus recreaciones arquitectónicas del Vaticano y las composiciones en las splash pages quitan la respiración. Sus sótanos infinitos y sus hordas de decenas de miles de vampiros saltando de la página componen una experiencia gráfica altamente estimulante. Caótico, rasgado y visceral, el arte de Berg compensa con creces las flagrantes flaquezas del guion
En conclusión, Vatican City se presenta como la enésima demostración del «Efecto Netflix» que arrastra el Millarworld contemporáneo. Es un cómic que parece concebido más como un storyboard acelerado para vender derechos audiovisuales que como una historieta redonda y autoconclusiva. Pese a una resolución atropellada que dinamita su propia coherencia interna con misiles y mármoles mágicos, el balance general se salva de la quema gracias a su honestidad palomitera. Es un divertimento adrenalínico que se lee en un suspiro y que resulta sumamente disfrutable si uno aprende a apagar el cerebro durante el último acto. Sobre todo, sirve como una inmejorable carta de presentación para colocar a Per Berg de forma permanente en nuestro radar; un artista descomunal cuyo trabajo visual termina siendo el gran argumento para recomendar una obra que, pese a un desenlace discutible, resulta entretenida y tremendamente eficaz durante buena parte de su recorrido.

Sobre la edición de Vatican City
Panini Comics edita Vatican City en un volumen de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior, papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras, breves biografías de los autores implicados y una amplia galería con bocetos, sketches y páginas a tinta de Per Berg.

Vatican City
Edita: Panini cómics.
Autor/es: Per Berg, Mark Millar,
Fecha de lanzamiento: 28 mayo 2026
Idioma: Español.
Páginas: 104 pags.
Tamaño: 18X27.5 cm.
Contiene: Vatican City 1-3
Formato: Cartoné.
Interior: Color.
ISBN: 9791370136154
Precio: 21,00€



