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La decimotercera planta – Reseña cómic

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Hablamos del primer volumen de La decimotercera planta, recién editado por Dolmen. Un clásico británico de terror de los años ochenta en su edición definitiva.

La decimotercera planta
La decimotercera planta

Un clasico inglés por derecho propio

Antes de hablar de este primer volumen de La decimotercera planta, un poco de contexto. En 1984 vio la luz en Gran Bretaña un nuevo semanario de terror: Scream!. Publicado por IPC Magazines iba dirigido al público juvenil, pero debido al «Comics Code» inglés – el Childrens and Young Persons (Harmful Publications) Act 1955– los editores optaron por un enfoque más irónico o como decía el entrecomillado de la portada «no apto para lectores nerviosos». La revista no pasó de los 15 números, pero en su seno se editaron series tan notables como Monster, The Dracula File o la propia La Decimotercera Planta. Esta última serie debutó en el primer número de la revista y aguantó los 15 números publicados -desde el 24 de marzo hasta el 30 de junio de 1984-.

Después sobrevivió a la fusión de las revistas Eagle & Scream!, y se publicó del 1 de septiembre de 1984 hasta el 13 de abril de 1985, siendo sin duda la más popular de todas las editadas por Scream! La historia –inspirada vagamente por las malas experiencias de Alan Grant en un bloque de apartamentos del Sur de Londres, vamos como Burgos, pero con encanto inglés– nos cuenta las andanzas de Max, la IA de un edificio municipal que está un poco «obsesionado» con el bienestar de sus inquilinos. Debido a un mal funcionamiento de sus circuitos, Max ha desarrollado una Decimotercera Planta. Un piso que no existe en el edificio por cuestión supersticiosa.

Interior de La decimotercera planta
Interior de La decimotercera planta

Lo que pasa en La decimotercera planta, se queda ahí

En ella y gracias a proyecciones holográficas nuestro HAL 9000 particular da rienda suelta a todos los terrores inimaginables para hacer justicia con todo aquel que perturbe a sus inquilinos. Semana a semana, Max detecta ultrajes e injusticias a cholón, ya sean grafiteros, skinheads, ladrones, funcionarios chungos, youtubers, estafadores, extorsionadores, y hasta fontaneros chapuceros. Todos, sin excepción, van pasando por la famosa Decimotercera Planta, vía ascensor. Debido a la acumulación de incidentes sospechosos, Alan Grant y John Wagner –bajo el seudónimo de Ian Holland con el que firmaban debido a su prolífica producción– empiezan a jugar con mucha coña con los problemas de tener un «justiciero» tan particular.

Así, Max tiene que hipnotizar a un pobre residente e incluso al encargado del edificio –Jerry– para evitar el canteo de tantos muertos en el ascensor. Pero pese a todas estas maquinaciones, no evitan que las autoridades sospechen de él. Estos artificios argumentales de los guionistas sirven para que la serie vaya creciendo de la antología –un poco repetitiva, la verdad– a la manera de los cómics EC del principio a un serial donde juega además de con el terror, con el suspense de ver si al final descubrirán la fechorías de nuestra querida IA.

Interior de La decimotercera planta
Interior de La decimotercera planta

Un apartado graficó sobresaliente

El tebeo además se benefició de la maravillosa labor gráfica del español José Ortiz. El mítico dibujante de Hombre venía del fracaso de la Revista Metropol y aprovechó su prestigio en las Islas británicas para dibujar la serie. Su dibujo meticuloso es perfecto para cambiar de los momentos cotidianos a los momentos imaginativos de las proyecciones holográficas de Max. Su capacidad para dibujar bien absolutamente todo es impresionante. Y es que consigue hacer creíbles desde de la jungla a cucarachas gigantes, tiburones, esqueletos o todo lo que se les ocurra a los guionistas. Haciendo memorables unas historias de tres páginas que gracias a sus dibujos hacen que estas se devoren.

Su dominio del blanco y negro y la utilización de las pesadillas creadas por Max para romper la distribución de viñetas y páginas, son siempre capaces de trasmitir el terror que demandan las historias de una manera espectacular. La conjunción de este apartado artístico extraordinario, junto a unos guiones que aúnan perfectamente lo naif con lo escalofriante, hacen de esta antología un trabajo inolvidable. Un testimonio redondo de otra época que se disfruta y deja buen poso en la lectura al lector. Una pequeña joya –de la corona- británica que gracias a la labor de Dolmen podemos -re-descubrir en nuestro idioma. Y ya se sabe, mejor tarde que nunca ¿No?

Interior de La decimotercera planta
Interior de La decimotercera planta

Sobre la edición de La decimotercera planta

Dolmen editorial publica este primer volumen de La decimotercera planta en un tomo de tapa dura sin sobrecubiertas. En el interior papel y reproducción gráfica de máxima calidad. Como extras incluye un prólogo de Ian Rimmereditor de la revista Scream!-, otro de Alan Grant y dos ilustraciones a todo color realizadas por Brett Ewins y José Ortiz.

La decimotercera planta
Edita:
Dolmen Editorial
Autores: Guion: John Wagner y Alan Grant – Dibujo: José Ortiz
Material original: The Thirteenth Floor
Fecha de publicación: 02/2022
Formato: Tapa dura
Tamaño: 28 x 21 cm.
Páginas: 180 pp.
Interior: B/N y Color
ISBN: 978-84-18898-63-1
Precio: 24,90 €

LA DECIMOTERCERA PLANTA

NUESTRA NOTA - 80%

80%

Escalofriante

Max es el ordenador central que rigue las torres Maxwell. Es encantador y servicial con sus vecinos. Pero nunca perturbes a sus inquilinos porqué si no Max te hará visitar la Decimotercera planta. Estáis avisados.

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Javier Torrezno
Javier Torrezno
Aqui debería poner una parrafada existencialista y gafapasta pero simplemente soy un tipo que lee tebeos y escribe sobre ellos. Otro gol de Messi, tu eres mi Antonella. Pi

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